
Por Antonio Adsuar
El mundo de la moda vive inmerso en una carrera por descubrir lo chic, por ostentar cada día un mayor charm, por la búsqueda eterna de detalles inaprehensibles que nos lleven a poder exhibir esa distinción tan especial.
Lo indefinible, ese algo especial, ese “je ne sais quoi”, impera.
In that mood, nuestra era dominada por la imagen está conduciendo a la proliferación de un tipo de diseñador particular: el diseñador pinterest.
Este creador tan siglo XXI está totalmente centrado en crear un storytelling que genere un buen ecosistema de márqueting entorno a la marca.

No obstante, cuando el genio consigue por fin concretar su visión en un universo creativo algo clave falla.
El diseñador pinterest no sabe de materiales, no conoce los tejidos, los tipos de corte, no comprende el mundo entre costuras.
Nuestra estrella emergente transmite al equipo de fabricación su mundo fantástico pero no es capaz de concretarlo.
El atelier se pone manos a la obra pero pronto choca con la falta de instrucciones precisas y reales.
En muchas ocasiones el sueño estético del gurú es simplemente imposible de materializar.

Nos encontramos sin duda ante un choque de culturas.
El mundo-pantalla basado en imágenes y el oficio y la artesanía, que trabajan con tejidos físicos reales, se hablan sin llegar a oírse verdaderamente.
Nuestras sociedades, ya lo dijo Baudrillard, se han acostumbrado a habitar un simulacro.
Nuestra existencia es cada vez más digital.
El objeto pierde cada vez más su ser, su materialidad, que es absorbida por la imagen, que es una representación irreal que cada vez se torna más real.
La política muta en meme, las redes sociales devienen un ágora fantasmagórica.

Pero, por mucho que no sueltes tu móvil ni un segundo al día, el coche al que no has mirado por dar un like más sigue ahí.
¿Podrá impedir el algoritmo que te atropelle?
El diseñadores pinterest gana millones ejerciendo de oráculo- moda, interpretando el zeitgeist, captando para la marca las vibras del momento.
Sin embargo, el negocio de la moda sigue vendiendo objetos; ¿o ya no?
Es 2026, todo lo que vemos es un enigma.
¿Te has preguntado si realmente existe la ropa que llevas?


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