
Por Antonio Adsuar
Dr. en filosofía
“No es lo que tengo, es lo que soy”
Antonio Banderas era quien era porque llevaba un Viceroy.
Algunos recordamos esta campaña publicitaria de forma vívida; verdaderamente marcó un época.
¿Estamos únicamente ante un claim propagandístico más?
Sencillamente no.
Démosle una vuelta al asunto, pongámonos filosóficos.

Desde la llegada del tormentoso siglo XVIII el movimiento romántico nos empujó hacia la construcción del yo, de una identidad fuerte, autoelegida, propia e intransferible.
Yo elegía Viceroy y al escogerlo me creaba a mi mismo, esculpía mi «ego proyectado» a base de indumentaria y complementos.
Los románticos Víctor Hugo y Lord Byron nos invitaban a ser libres, rebeldes y misteriosos.
Actualmente, en nuestro 2026, mucha gente se viste desde este mood y las marcas tratan de sintonizar con estos anhelos estéticos de autoafirmación.
Pero…¿fue esto siempre así?
La respuesta es, de nuevo, no.

En la edad media y en la edad moderna, marcada por una rígida sociedad de clases propia del Antiguo Régimen, los pocos que se vestían con intención no lo hacían desde esta perspectiva contemporánea.
El rey, el conde, el duque, se envolvían en prendas que le aportaban una dignidad propia de su rango.
El rey no era “él”, no era Luis, la persona Luis, era el soberano, el rey sol, Luis XIV.
La indumentaria permitía la proyección de una imagen pública que debía transmitir estatus.
No se construía un yo auténtico “a la romántica”, se erigía un yo simbólico-social-performativo.
Esta comparación epocal, este viaje en el tiempo, nos permite entender mejor la «era Viceroy” en el que vivimos inmersos.

Sin embargo, ¿lo cambió todo el giro romántico?
Lo has adivinado, la respuesta el es tercer “no” de hoy.
Nuestra postmodernidad líquida y confusa a lo Bauman ha generado un escenario en el que se da todo a la vez en todas partes (Everything Everywhere All at Once).
En el complejo, caótico e híbrido siglo XXI, muchas personas, cuando se visten por las mañanas antes de salir a enfrentarse a la jungla social, eligen construirse para forjarse un yo-auténtico-Viceroy.
No obstante, muchas otras siguen escogiendo jugar con la indumentaria para denotar clase y distinción, proyectándose así no desde un supuesto «yo real», sino desde su yo social-performativo.
Y tú, ¿con qué intención te vestirás mañana tras leer estas lineas?






























