Autor: Antonio Adsuar

  • La lección-moda de Aristóteles

    La lección-moda de Aristóteles

    Tiempo de lectura: 2min.

    Por Antonio Adsuar

    Dr. en filosofía

    ¿Qué es la era del exceso?

    Nuestros sociólogos-filósofos de cabecera, J.Serroy y G.Lipovestky, nos acercan a lo kitsch.

    Esta palabra alemana y universal trata de aproximarnos, de aludir, a lo excesivo, a lo fácil, a lo demasiado, a la copia barata y llamativa.

    ¿Ha caído la moda en lo kitsch?

    En parte podemos afirmar que así ha sido.

    Pero no todo está perdido.

    Frente a un consumo lúdico, basado en un producto barato y en las tendencias más epidérmicas, se están erigiendo alternativas.

    “La virtud está en el justo medio”, así decía Aristóteles hace siglos.

    Necesitamos, esto es evidente, una nueva moda.

    Hemos de apostar por la calidad, por la durabilidad, por la virtud de la mesura.

    Cada vez que compramos en Shein todo pasa a significar nada.

    Los deseos humanos son infinitos, este es un hecho cierto y estimulante.

    Sin embargo, no lo olvidemos, la madre tierra no nos puede obsequiar con sus bondades ilimitadamente.

    No hay planeta B, por mucho que la mala moda se empeñe en dorarnos el ego con promesas infinitas.

    De nuevo Freud: el principio del placer destruirá este mundo, necesitamos una moda que tenga en cuenta el principio de realidad.

    Dicho todo esto, cerremos la reflexión de hoy: necesitamos una nueva cultura de la moda que llegue a la gente, que influya en el consumidor.

    Solo una nueva cultura cívica de la moda podrá salvar nuestro planeta azul.

    Creemos, desde una nueva ética-moda, unas propuestas alegres y evocadoras, pero con sentido del límite.

    ¿Qué marcas se atreverán a dar el paso?

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  • Neomarcas: el café es el mensaje

    Neomarcas: el café es el mensaje

    Tiempo de lectura: 3min.

    Por Antonio Adsuar

    Dr. en filosofía

    ¿Qué necesita una marca para ser relevante, para sobrevivir y prosperar?

    Vender, vender y vender.

    No cabe la menor duda.

    No obstante, aunque la respuesta a esta pregunta no varíe en con tiempo, sí es necesario mutar constantemente para alcanzar el objetivo.

    ¿Cómo se conseguía generar negocio hace no tantos años?

    Con una buena relación calidad-precio, mediante la puesta en el mercado de ropa funcional y bonita.

    Hoy las cosas han cambiado.

    Las casas de moda deben estar presentes a diario en la mente del consumidor, la guerra por el «share of mind» es feroz.

    Armani pelea por estar en la conversación, Abercrombie debe imperiosamente crear imágenes para sus redes sociales a diario.

    Recuerden a McLuhan: «el medio es el mensaje».

    El hiper-medio hoy es internet.

    La red crea un mundo de comunidades, de intercambio constante de comentarios e imágenes.

    Rápido, rápido, más vídeos, más fotos, rápido, rápido.

    La hiperacelaración algorítmica no da tregua.

    En este cosmos-contexto, las empresas de moda se enfrentan a una paradoja.

    ¿Si no me vas a comprar una prenda cada día, cómo puedo estar presente en tu vida cotidiana?

    Las marcas están ensayando diversas soluciones.

    Vivimos en un mundo gobernado por el algoritmo

    Sí puedes tomar un café al día, el elegante café Lacoste de París te da la bienvenida.

    Las pop-ups stores efímeras estivales se ponen en marcha para refrescarte y generar experiencias que te hagan vivir la marca a cada instante.

    Desde luego, cada empresa-moda se reúne cada lunes para estudiar cómo alimentará de eventos la semana.

    Estas citas emblemáticas, llenas de famosos jóvenes y coloridos, nutrirán las redes sociales al permitir crear vídeos estimulantes y fotos bellas.

    Estamos, por lo tanto, ante un cambio de paradigma radical: ¿por qué no ha organizado aún Gant un semana de conciertos de country para promover el #GantStyleOfLife?

    Stay tuned, va a pasar.

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  • Lujo: ¿ser o no ser?

    Lujo: ¿ser o no ser?

    Tiempo de lectura: 2min.

    Por Antonio Adsuar

    Dr. en filosofía

    El lujo está en crisis, afirma el consabido experto desde su tribuna consuetudinaria.

    Todas las crisis, sigamos a Sartre, son crisis de identidad.

    ¿Qué caracteriza al verdadero lujo, cuál es su esencia más radical?

    Exclusividad, escasez, excelencia, exquisitez, alta calidad de las materias primas; estos serían algunos de los adjetivos innegociables a los que una casa distinguida no debería renunciar.

    No obstante, la compra de algunas marcas excelsas por parte de grandes grupos como LVMH o Kering difuminó la personalidad de muchas enseñas egregias.

    Ávidos de engrosar sus cuentas con unos cuantos millones de dólares adicionales, algunos directivos pensaron: ¿y si ponemos en juego líneas de productos para la clase media alta?

    Y aquí nos asalta la pregunta profunda, nos sale al paso la duda existencial:

    ¿Puede el lujo ser popular y seguir siendo lujo?

    Si Hermès es para todos, diríamos casi sin dudar, no es Hermès.

    Sin embargo, solo tal vez, Gucci podría ser para muchos más sin dejar de lado su esencia.

    Tiempo de finalizar nuestra breve disquisición veraniega con una idea postrera.

    Cada casa de moda debería sentarse en el diván y plantearse la siguiente cuestión seminal: ¿quién soy, para quién quiero ser, qué universo quiero construir, qué relato deseo tejer?

    De la respuesta meditada a esta pregunta podrá cada enseña derivar su posicionamiento de marca y determinar si quiere vender sus sueños solo a los muy “happy few” o si quiere ampliar su alcance para llegar a un público más amplio.

    ¿Escasez o abundancia?, ¿exclusividad o popularidad?

    Ser o no ser, he aquí la cuestión para el lujo del siglo XXI.

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  • El territorio de lo efímero

    El territorio de lo efímero

    Tiempo de lectura: 2min.

    Por Antonio Adsuar

    Dr. en filosofía

    La vida es un frenesí, ya lo decía Calderón.

    Es difícil comprenderla.

    No obstante, muchos tratan de captar su esencia entendiendo sus tiempos.

    Frente a la visión del devenir lineal de la cultura judía y cristiana, articulada en torno a la idea de progreso, los griegos concibieron el cosmos como un círculo perfecto.

    Y, ¿qué hay más cíclico que las estaciones del año?

    Llega el verano, ahora, una y otra vez.

    La moda, esto es evidente, es muy griega.

    Los ritmos en el universo “fashionista” los marcan las temporadas: primavera/verano y otoño/invierno.

    La moda acompaña al clima, va ajustando sus propuestas para proporcionarnos confort.

    En invierno las marcas nos protegen del frío, en verano nos ayudan a transitar frescos y tolerar el inclemente calor.

    Imagen reciente de la cuenta de Instagram de la marca ilicitana Williot

    ¿Qué es pues el verano?

    ¿Cómo pueden las firmas de moda acompañarlo y fundirse con él para acabar formando parte de nuestro yo estival?

    El verano es, ante todo, efímero, fugaz, pasajero.

    En julio y agosto podemos detenernos, tomar unas vacaciones.

    Durante algunos días nuevas actividades y “moods” se permiten nacer.

    En verano somos otros.

    El tiempo del estío vive organizado por el mundo del deseo.

    Viajo, me distraigo, me diverjo y me divierto.

    Mango, Adolfo Domínguez, Lacoste, Primark, Massimo Dutti quieren vestir nuestras ilusiones, permitirnos sentir las “vibes” de ese pequeño mundo nuevo y mejor que todos anhelamos.

    Observemos cómo comunican las marcas en estas semanas, todas te transmiten un única cosa:

    “Yo soy tu verano”.

    ¿Cuál crees que te va a seducir?

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  • La  copa de la moda

    La copa de la moda

    Tiempo de lectura: 2min.

    Por Antonio Adsuar

    Dr. en filosofía

    Un nuevo espectáculo pugna por hacerse con tu pantalla.

    Las guerras culturales contemporáneas siguen la lógica de un “what’s next” espasmódico, incesante.

    Se organizan, sobre todo, a través de imágenes.

    En su muy citado texto “La sociedad del espectáculo”, el galo Guy Debord nos brindó algunas pistas antropológicas cruciales.

    El show no es una categoría parcial, es una forma de organización social total.

    Alrededor del evento mágico se articula todo lo humano.

    ¿Cómo se relaciona la moda con esta lógica ineludible?

    Las marcas tratan de dominar la conversación, de insertarse en el relato sirviéndose de sus prendas y complementos.

    El imperativo de generación de imágenes continuas con las que Dior, Ferragamo, Yves Saint Laurent, Loewe y las demás invaden nuestra realidad-pantalla, se convierte una pesadilla propia de Sísifo.

    Llegados a este punto, cabría preguntarse: ¿qué tipo de espectáculo es el predominante en nuestra sociedad actual?

    Sin duda la respuesta es evidente: el deporte.

    Cada día nos asalta la pregunta: ¿qué competición deportiva va a dominar la conversación los próximos días?

    Pasado Roland Garros, las activaciones de marca han de colonizar el mundial de football 2026.

    Cada enseña debe hacer un esfuerzo por asociarse a los neo-dioses del balompié.

    Imagen tomada en Zara, Junio 2026

    Messi, Cristiano, Halaand devienen héroes, crean mitos, fundan nuevas religiones.

    Las casas de moda que los vistan se coronarán con ellos.

    ¿Qué marca será la campeona de mundo?: Adidas, Puma, Nike, también pelean por la gloria.

    En nuestras curiosas sociedades-pantalla, moda, espectáculo y deporte se funden en un cosmos simbólico clave que da sentido al mundo fabuloso y reencantado del siglo XXI.

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  • Moda e igualdad

    Moda e igualdad

    Tiempo de lectura: 2min.

    Por Antonio Adsuar

    Dr. en filosofía

    ¿Moda e igualdad?

    Si reflexionamos un poco, concluiremos sin esfuerzo que tradicionalmente se ha analizado el vínculo entre moda y libertad de manera profusa.

    La elección personal de la indumentaria nos permite ciertamente expresarnos a través de nuestras preferencias estéticas y mostrarnos al mundo como queremos.

    El uso sin restricciones sociales de colores y formas nos hace sentirnos mejor, somos nosotros mismos gracias a unas democracias avanzadas que nos permiten disfrutar de los derechos humanos.

    No obstante, en un mundo convulso como el actual, es importante recordar que esto no siempre fue así; incluso hoy decenas de dictaduras impiden a sus ciudadanos vestirse como quieren.

    Triste pero cierto.

    Pero…¿qué podemos decir sobre la moda y la igualdad?

    A nuestro modo de ver, el acceso a la moda debe ser un derecho.

    No defendemos en absoluto que debamos tener disponibles camisetas a tres euros para sentirnos en sintonía con la última micro-tendencia absurda.

    No es eso.

    Sí creemos que los ciudadanos merecemos una moda accesible, ecológica, de calidad y elaborada con buenos materiales, que nos garantice la posibilidad de lucir bien sin dañar el planeta.

    Todos nos vestimos, ataviarse correctamente y sentirse uno mismo no es un privilegio, es una necesidad legítima.

    Además, dentro del derecho a la educación ha de incluirse una instrucción mínima en “cultura de la moda”, que nos permita saber qué llevamos puesto, qué está en contacto con nuestra piel y cómo afectan nuestras elecciones vestimentarias a nuestra madre tierra.

    Por último, el derecho a la igualdad debe recoger evidentemente garantías de no discriminación.

    Debemos aspirar a vivir en una sociedad donde no se nos juzgue por nuestras elecciones-moda ni por cuestiones relacionadas con el uso de prendas a través de las cuales expresemos nuestra identidad de género y nuestras creencias e ideologías.

    La tolerancia que teorizó John Locke, también pasa por respeto a las modas de los demás.

    Dibujemos, llegados a este punto, una sucinta conclusión: indagar más en las relaciones entre moda y igualdad nos parece necesario, pertinente y sano.

    ¿Os animáis a explorar el tema más en profundidad con nosotros?

    Moda es igualdad.

    *Este artículo ha sido inspirado por el último episodio del podcast «De género Fashion», by Josué García

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  • Moda y democracia

    Moda y democracia

    Tiempo de lectura: 2min.

    Por Antonio Adsuar

    Dr. en filosofía

    -No hay nada más democrático que la moda.

    Lo hemos escuchado de pasada en muchas entrevistas, comentarios de cocktailmeetings y susurros de pasarela.

    Pero, ¿qué relación hay verdaderamente entre la moda y la democracia?

    Partamos de una idea básica, mil veces constatada: todos nos vestimos.

    La necesidad de ataviarse para presentarse en sociedad nos empuja, queramos o no, a expresarnos a través de la indumentaria.

    ¿Y qué vincula moda moderna y democracia?

    Como bien señaló Alexis de Tocqueville, allá por el siglo XIX, la democracia no es únicamente un sistema electoral y una forma de organizar el poder.

    Es algo más.

    Aniquilada la aristocracia clásica, con sus formas de vestir ampulosas, distinguidas y recargadas, nacen los ciudadanos.

    Y estos ciudadanos visten diferente, expresan su individualidad desde la soberanía radical de un yo renovado.

    Y todo este proceso, evidentemente, transforma de manera profunda nuestra moda.

    Hoy, cada mañana, convertimos el arte de vestirnos en una manifestación autónoma de nuestra personalidad más rotunda.

    Así la moda deviene libertad.

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  • Nada es atemporal

    Nada es atemporal

    Tiempo de lectura: 3min.

    Por Antonio Adsuar

    El tiempo todo lo puede, nada se le resiste.

    En nuestro universo-moda observo desde hace un mucho una obsesión recurrente por ciertos conceptos.

    En las revistas, en las webs especializadas, en linkedin, todos los escribidores repiten las mismas palabras, desgastándolas, vaciándolas de significado real.

    Si todo es silencioso nada lo es.

    Otra idea-fuerza reiterada en exceso me suscita reflexiones y cautelas: no hay marca que no afirme que sus prendas son atemporales.

    ¿Hay algo atemporal?

    Lo atemporal no existe, nada palpita fuera del tiempo.

    La moda es pura y radicalmente social y los grupos humanos están impregnados fundamentalmente por el cambio.

    No obstante, el uso de este concepto clave nos indica algo relevante.

    En un planeta inundado de un ruido tremebundo, incesante e histérico, tratamos de refugiarnos en el silencio.

    Por eso las marcas tratan de estar presentes sin gritar.

    De la misma forma, lo atemporal se convierte en un refugio en la sociedad-prisa.

    Cuando Mango afirma que sus propuestas son atemporales lo que nos está queriendo decir es esto: no vivimos en la micro-tendencia, este jersey que te presento no ha sido pensado para acompañar la última ocurrencia tiktokera.

    ¿A qué se refieren entonces las enseñas que basan su oferta de valor en lo atemporal?

    Nos están ofreciendo ropa y accesorios hechos para durar, quieren que adquieras sus productos sabiendo que los podrás llevar dentro de dos, tres, o más años sin sentirte fuera de lugar.

    Aunque, insisto, lo atemporal realmente no puede ser de este mundo, esta apuesta por una moda más lenta y perdurable sí me parece muy pertinente.

    A pesar de que estemos instalados en un mundo cruelmente veloz, absurdamente espasmódico, vestir a base plástico de usar y tirar, al modo Shein, no debería ser una opción de futuro.

    Si el planeta quiere atesorar un porvenir mínimamente viable, hemos de dejar de lado un hiperconsumo que daña psicológicamente al consumidor y nos conduce al delirio.

    Bienvenida sea pues la oferta de moda duradera, lo más atemporal que el paso implacable del tiempo nos permita proponer.

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  • La arruga filosófica de Adolfo

    La arruga filosófica de Adolfo

    Tiempo de lectura: 2min.

    Por Antonio Adsuar

    “Escribir me dio la energía para resistir todo”.

    Me identifico con esta frase que Adolfo Domínguez vierte en una conversación con su hija Adriana en el transcurso del documental que recoge su trayectoria empresarial, titulado “El eco de otras voces”.

    Adolfo, su empresa, su marca, siempre me han transmitido algo singular.

    Su excelsa e intrigante frase “La arruga es bella”, lanzada al mundo en una campaña de 1982, no sitúa ante una moda con trasfondo, ante un pensamiento hecho estilo.

    Me da la impresión de que a Adolfo le gusta pensar la moda.

    ¿Qué quiso significar “la arruga es bella”?

    En un mundo hiperobsesionado por la juventud, que idolatra sin concesiones a la adolescencia, afirmar que lo arrugado, que lo imperfecto, que lo viejo, es hermoso nos resulta chocante.

    Adolfo asevera, con ese acento gallego y esos gestos suyos tan característicos, que la arruga es lo normal, lo simple, lo real.

    Según el creador-empresario, un rostro viejo es infinitamente más poderoso que uno joven.

    Interesante aseveración, que nos golpea como un puñetazo filosófico y nos hace reflexionar.

    El estilo que Adolfo Domínguez lleva 50 años defendiendo(la enseña vio la luz en 1976) reivindica lo inmarcesible.

    En otra reciente campaña protagonizada por el célebre luchador hispano-georgiano Ilia Topuria, se nos enfrenta a la siguientes sentencias:

    “Ten una voz”

    “Resiste en ella”

    Para acabar concluyendo con un slogan-manifiesto sorprendente:

    “Sé más viejo”

    Larga vida a Adolfo Domínguez, apoyemos y protejamos la moda de autor con valor y sustancia.

    Adolfo es diferente.

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