Autor: Antonio Adsuar

  • Giro Romántico y actitud Viceroy

    Giro Romántico y actitud Viceroy

    Tiempo de lectura: 3min.

    Por Antonio Adsuar

    Dr. en filosofía

    “No es lo que tengo, es lo que soy”

    Antonio Banderas era quien era porque llevaba un Viceroy.

    Algunos recordamos esta campaña publicitaria de forma vívida; verdaderamente marcó un época.

    ¿Estamos únicamente ante un claim propagandístico más?

    Sencillamente no.

    Démosle una vuelta al asunto, pongámonos filosóficos.

    Desde la llegada del tormentoso siglo XVIII el movimiento romántico nos empujó hacia la construcción del yo, de una identidad fuerte, autoelegida, propia e intransferible.

    Yo elegía Viceroy y al escogerlo me creaba a mi mismo, esculpía mi «ego proyectado» a base de indumentaria y complementos.

    Los románticos Víctor Hugo y Lord Byron nos invitaban a ser libres, rebeldes y misteriosos.

    Actualmente, en nuestro 2026, mucha gente se viste desde este mood y las marcas tratan de sintonizar con estos anhelos estéticos de autoafirmación.

    Pero…¿fue esto siempre así?

    La respuesta es, de nuevo, no.

    En la edad media y en la edad moderna, marcada por una rígida sociedad de clases propia del Antiguo Régimen, los pocos que se vestían con intención no lo hacían desde esta perspectiva contemporánea.

    El rey, el conde, el duque, se envolvían en prendas que le aportaban una dignidad propia de su rango.

    El rey no era “él”, no era Luis, la persona Luis, era el soberano, el rey sol, Luis XIV.

    La indumentaria permitía la proyección de una imagen pública que debía transmitir estatus.

    No se construía un yo auténtico “a la romántica”, se erigía un yo simbólico-social-performativo.

    Esta comparación epocal, este viaje en el tiempo, nos permite entender mejor la «era Viceroy” en el que vivimos inmersos.

    Sin embargo, ¿lo cambió todo el giro romántico?

    Lo has adivinado, la respuesta el es tercer “no” de hoy.

    Nuestra postmodernidad líquida y confusa a lo Bauman ha generado un escenario en el que se da todo a la vez en todas partes (Everything Everywhere All at Once).

    En el complejo, caótico e híbrido siglo XXI, muchas personas, cuando se visten por las mañanas antes de salir a enfrentarse a la jungla social, eligen construirse para forjarse un yo-auténtico-Viceroy.

    No obstante, muchas otras siguen escogiendo jugar con la indumentaria para denotar clase y distinción, proyectándose así no desde un supuesto «yo real», sino desde su yo social-performativo.

    Y tú, ¿con qué intención te vestirás mañana tras leer estas lineas?

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  • El escaparate infinito

    El escaparate infinito

    Tiempo de lectura: 2min.

    Por Antonio Adsuar

    Dr. en filosofía

    Vivimos cada vez más la realidad a través de las pantallas.

    Pensar la sociedad contemporánea pasa por reflexionar de manera profunda sobre nuestra existencia-a-través-de la pantalla.

    La moda, las prendas, el calzado y los complementos existen cada vez más para nosotros en primer lugar como una imagen.

    La primera vez que vi aquellos zapatos negro de Martinelli que me acabé comprando no los vi realmente, 

    Aquellos zapatos fueron solo para mi, en su instante primigéneo, una imagen en el monitor de mi móvil.

    La moda siempre ha necesitado del escaparate, ese espacio intermedio acristalado que sirve para mostrar al cliente aquello que debe desear, pero que aún no es suyo.

    En la actualidad todos llevamos un escaparate infinito en el bolsillo, lo extraemos casi mecánicamente para pasar a deleitarnos en el visor-vitrina de nuestro móvil con mil y una prendas deliciosas.

    Este texto de Iñaki Gómez nos ha servido de inspiración para tejer esta micro-cápsula

    ¿Cuál es la función primera y seminal, la razón de ser del escaparate?

    La respuesta es clara sin duda: despertar el deseo.

    Las omnipresentes pantallas privadas que ostentamos nos ofrecen imágenes-moda que nos seducen continuamente, nos hacen soñar con poseer real y físicamente estos fantásticos atuendos.

    Meditar las sociologías asociadas al escaparate, reencarnado en nuestros días como pantalla ubicua y lugar de anhelo, nos permitirá vislumbrar el futuro de la industria de la moda.

    Porque las voluntades de consumo, los mecanismos de producción de la pulsión de compra de la moda, se generan cada vez más a través de imágenes en una pantalla.

    Tomemos nota.

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  • Zara y el juego del camaleón

    Zara y el juego del camaleón

    Tiempo de lectura: 3min.

    Por Antonio Adsuar

    Dr. en filosofía

    Nos encontramos en una sala de reuniones cualquiera de Barcelona, Tokio o Milán.

    Con tono monótono, un directivo indeterminado de mediana edad afirma en una reunión consuetudinaria de septiembre:

    “Lo más importante para nuestra marca de moda, nuestro principal activo, es nuestra identidad”

    ¿Quién no le daría la razón?

    Ostentar una identidad fuerte, clara y definida, nos da fuerza, afirma nuestra propuesta de valor en un mercado cada vez más competitivo.

    Pero…¿y si la apuesta triunfal fuera simplemente la contraria?

    Históricamente se ha aseverado con razón que Zara es diferente.

    ¿Es Zara una marca? Sí y no…

    La identidad de marca de Zara, una empresa que siempre se ha caracterizado por poner en juego poca publicidad, por no asociarse a ningún famoso o influencer concreto, por no definirse demasiado en definitiva, es compleja y fluida.

    Fuente: Gil G, fb

    Esa es su fuerza: como marca Zara no es (casi)nada y eso le permite mutar para ser todo.

    No obstante, la llegada de Marta Ortega, la hija del fundador de la empresa, Amancio Ortega, parece estar cambiando esta constante.

    ¿O no?

    Hace unos meses nos desayunamos con una noticia singular: el diseñador John Galiano había alcanzado una acuerdo por dos años con Zara.

    El gibraltareño, desde este septiembre de 2026, se encargaría de reinterpretar el archivo de la enseña gallega, siguiendo códigos propios de la alta costura y la moda de autor.

    ¿Un golpe maestro?

    Para juicio de muchos sí.

    El ser o no ser híbrido de Zara la he permitido todos estos años responder a las demandas del consumidor ágilmente, su «no identidad» ha sido su fuerza.

    Sin embargo, claramente Zara no era competencia del segmento del lujo.

    Parece ser que, desde su propia propuesta y visión, el camaleón lo ha vuelto a hacer.

    Zara ha encontrado un nuevo color, ha sabido mudar de piel para disputar un territorio más y seguir creciendo desde su ADN polifacético.

    ¿Lo celebramos?

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  • Moda o barbarie

    Moda o barbarie

    Tiempo de lectura: 3min.

    Por Antonio Adsuar

    Dr. en filosofía

    “La madurez del hombre consiste en volver a encontrar la seriedad con que jugaba cuando era niño”

    Así reza una frase de Nietzsche que se instala a mi mente cada septiembre.

    Es este el mes del regreso a la rutina, del eterno retorno al yo social, al yo que performa para los otros.

    Le llamamos “trabajar”.

    Nos vestimos de nuevo para la oficina, utilizamos prendas relegadas durante las vacaciones, ese “tiempo para uno mismo” libidinoso.

    La moda, es crucial advertirlo, es el juego social por excelencia.

    Como aseveró en su ensayo “Homo ludens” el algo olvidado Johan Huizinga, el ser humano no es solo “homo sapiens”, ni “homo faber”.

    A las personas no nos confiere nuestro ser únicamente el hecho de pensar/saber ni el de fabricar.

    Jugar con los otros nos permite construir sociedad, compartir mundos imaginarios amplios que hacen posible el derecho, la política, la economía.

    El juego es la base de nuestra cultura.

    Y jugar a ser un ser social pasa, en primer y primordial lugar, por jugar a la moda.

    Las prendas y accesorios nos definen y proyectan frente al otro, nos determinan y permiten a los demás ciudadanos “leernos”, comprendernos y vivir en sociedad.

    Tomen nota de esta enorme utilidad social radical aquellos que, una y otra vez, acusan a la moda de envenenarnos con su frivolidad disolvente.

    Sin moda no hay juego social y sin sociedad solo nos queda la barbarie.

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  • Tu prenda es tu casa

    Tu prenda es tu casa

    Tiempo de lectura: 2min.

    Por Antonio Adsuar

    Dr. en filosofía

    ¿Vistes tus prendas o tus prendas te visten a ti?

    El espacio que habitas te alberga y te transforma, pasa a formar parte de tu ser.

    ¿Cuál es la misión de la arquitectura?: crear espacios íntimos en los que vivir, pensar lugares que nos protejan.

    ¿Acaso no es esa exactamente la razón de ser de la moda?

    La moda no aspira únicamente a ofrecerte un trozo de tela que te puedas poner para salir a la calle.

    No.

    La moda te entrega verdaderas “casas móviles” que te visten dándote forma, que te definen, que organizan el espacio en el que tu cuerpo habita.

    El enorme y recientemente fallecido diseñador italiano Giorgio Armani dijo una vez: “La moda es una rama de la arquitectura”.

    Cristóbal Balenciaga. Vestido baby doll, 1956 (fuente: masdearte.com)

    Nuestro Cristóbal Balenciaga, desde su pedestal parisino, esculpía verdaderas arquitecturas entorno al cuerpo de las mujeres a las que vistió.

    ¿Sabías que Tom Ford estudió arquitectura en la Parsons School of Design de Nueva York?

    Esas bellas prendas que ahora mismo llevas, te acompañan cuando te reincorporas en septiembre, le dan forma a tu yo social de la rentrée.

    Sigamos explorando las conexiones de la moda con la arquitectura, comprenderlas nos ayudará a fascinarnos una vez más con la naturaleza poliédrica del arte del vestir.

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  • El simbionte Ralph Lauren

    El simbionte Ralph Lauren

    Tiempo de lectura: 3min.

    Por Antonio Adsuar

    Dr. en filosofía

    El menudo, enérgico y creativo diseñador estadounidense Ralph (Lifshitz) Lauren siempre me ha fascinado.

    Con su marca ha logrado generar una simbiosis peculiar, una unión perfecta de contrarios relativos.

    Uno de los mayores retos de las enseñas de moda radica en erigir una personalidad propia, en construir una identidad distintiva y característica.

    ¿Ha conseguido este objetivo Ralph Lauren a lo largo de todos estos años?

    La respuesta es sin duda “sí”.

    Ralph ha sabido elaborar un cóctel que aúna lo europeo y lo estadounidense y el clasicismo británico más elegante con el salvaje oeste americano de los cowboys.

    Al este de EEUU, a las antiguas trece colonias, llegó la cultura britsh con sus referencias conspicuas: tweed, jerséis de punto, sastrería fina a lo Savile row.

    Lauren captó ese «aire Boston» y lo encapsuló en sus prendas.

    Pero, en su audacia, Lauren no se detuvo en estas geografías.

    A Ralph le apasionaba el Wild West.

    Por este motivo, la identidad de su marca también se construye a partir del uso de los jeans de trabajo de los cowboys, de las botas de cuero de los rodeos y de prendas propias de los nativos americanos.

    Lauren quiere serlo todo.

    Ha conseguido armonizar lo europeo como lo americano, la cultura con lo salvaje, el este con el oeste y lo formal y lo deportivo.

    Solo un verdadero genio puede armar una propuesta de valor-moda a partir de este complejo cóctel.

    Le deseamos larga vida a Ralph(sigue entre nosotros a sus 86 años) y esperamos en los años sucesivos muchas más de sus imperdibles prendas.

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  • La violencia del laurel

    La violencia del laurel

    Tiempo de lectura: 3min.

    Por Antonio Adsuar

    Dr. en filosofía

    No hay nada más poderoso que un símbolo.

    Las metáforas visuales impelen a las masas, constituyen la base de las religiones y creencias, articulan y hermanan comunidades humanas.

    Las casas de moda actuales sintetizan sus propuestas de “lifestyle” en un logo.

    Las dos “ces” entrecruzadas de Chanel o el swoosh de Nike devienen iconos mágicos que son leídos pero el inconsciente colectivo.

    Su significado se expande en nuestra mente, nos domina sin necesidad de palabras.

    No obstante, aunque una marca dedique enormes esfuerzos publicitarios a determinar el sentido de su símbolo-logo, no se puede adueñar por completo de él.

    Le pasó al gran Fred Perry.

    Esta casa británica quería transmitir a partir de la corona de laurel que la distingue valores ligados a diversidad y a la inclusión.

    Sin embargo, la sociología siguió su curso incontrolable y grupos perversos se apoderaron del icono sagrado.

    Primero fueron los violentos skinheads ingleses los que comenzaron a utilizar los polos de Fred Perry para armar su informe violento.

    El polo con las hojas de laurel los distinguía del resto y los cohesionaba como grupo.

    Pertrechados con él salían a las calles a agredir pacíficos ciudadanos.

    Fred Perry perdió el control de su universo simbólico por años, su emblema fundador le fue arrebatado.

    La marca tuvo incluso que retirar un modelo concreto de polo del mercado en 2020.

    Una violenta banda estadounidense conocida como los “Proud boys” se apropió del polo negro con ribetes amarillos de la marca y ésta tuvo que reaccionar, sacándolo de su stock.

    Las más egregias enseñas de moda dedican millones y años y años de esfuerzo a dar a conocer y dotar de un significado su logo.

    Pero, como hemos podido observar al analizar el caso de Fred Perry, los símbolos son complejos y poliédricos y no pertenecen totalmente a nadie.

    Las sociedades y los grupos les van otorgando con sus acciones y con el paso del tiempo interpretaciones tan diversas como indomables.

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  • Moda: ¿belleza o maldición?

    Moda: ¿belleza o maldición?

    Tiempo de lectura: 2min.

    Por Antonio Adsuar

    Dr. en filosofía

    Habitamos una era obsesionada por lo visual.

    Una foto, una foto hoy lo es todo.

    Ardemos por cazar constantemente nuevas instantáneas fugaces.

    Y, por supuesto, todas esas imágenes deben ser bellas.

    Belleza, divino tesoro.

    Este amable texto sobre lo bello es una de las referencias principales de este artículo

    ¿A qué nos condena esta obsesión por lo bello?

    Porque la belleza, si la perseguimos de forma compulsiva, nos puede arrastrar hacia el abismo.

    ¿Es la belleza un don o una condena?

    No en vano, el filósofo Sócrates afirmó que aceptar el imperio de la hermosura nos conduce a vivir al servicio de “una breve tiranía”.

    ¿Cómo se relaciona la moda con lo precioso, con lo perfecto, con lo bello-bello?

    La moda, obviamente, nos promete, meliflua ella, que nos entregará lo bello.

    Ese vestido, ese complemento, me transmuta, me vuelve atractiva, me sublima.

    Sin embargo, si la moda nos dicta y nos impone “su belleza”, ¿dónde queda la diversidad, las bellezas múltiples de los cuerpos reales y los sentimientos estéticos de cada uno de nosotros?

    A mi modo de ver, hemos de porfiar por alumbrar “otra moda”.

    Una moda abierta, que no nos sumerja en la obsesión de lo “bello-único-perfecto”, debería ser una moda plural y libre.

    Demandemos una moda limpia, psicológicamente equilibrada, que sepa ofrecernos muchas bellezas, alejándonos de los brazos de Narciso.

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  • El espejo de Alicia

    El espejo de Alicia

    Tiempo de lectura: 2min.

    Por Antonio Adsuar

    Dr. en filosofía

    “Aquí hace falta correr todo cuanto una pueda para permanecer en el mismo sitio. Si se quiere llegar a otra parte, hay que correr por lo menos el doble de rápido”

    La reina roja, ese gran personaje de la novela de L.Carroll “Alicia a través del espejo” (1871), sabía mucho de moda.

    ¿No crees?

    Nuestro omnipresente cosmos-moda vive acelerado, en perpetua y obtusa huida hacia adelante.

    Y, ¿qué decir del espejo?

    La moda crea imágenes, nos entrega una imagen de algo o alguien.

    El espejo refleja los objetos que le ponemos delante.

    La moda es un espejo del mundo.

    Cuando me pruebo un prenda, lo primero que hago es mirarme al espejo.

    ¿Cómo me veo?, ¿cómo me ves?, ¿me verán los demás como yo me veo?

    Al vestirme me convierto en un espejo, pretendo proyectar una imagen sobre los demás.

    Un último inciso, que espero te invite a reflexionar en estas tardes solazosas de verano:

    ¿Qué le ocurre a un civilización cuando todos sus espejos devienen pantallas?

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