
¿Cómo vestía el demoledor filósofo alemán Friedrich Nietzsche?
Sería interesante investigar la indumentaria de este pensador radical.
No obstante, en la micro-cápsula de hoy vamos a analizar cómo sus martillazos dialécticos cambiaron la moda para siempre.
Nietzsche, aunque en apariencia no fuera muy activo, destruyó muchas cosas.

Uno de sus logros más colosales es inigualable: Nietzsche mató a Dios, asesinó al padre.
El hombre quedó solo en el mundo, radicalmente libre y desamparado.
Extraviada la religión, con sus certezas sanadoras, la gente buscó desesperada dar nuevos sentidos a la existencia.
El capitalismo y el arte acudieron a un rescate parcial, trataron de transmitir energía a lo seres humanos de principios del siglo XX.
La industria de la moda, una de las más artísticas, no dudó en transmutar sus energías estéticas en fuerzas neo-religiosas.

La prenda, a través de las excelencias del arte, devino un objeto sacro.
Ya lo confirmamos en esta reciente micro-cápsula.
La indumentaria se apropió de una narrativa fulgurante, dando sentido a la vida de aquellos que la lucían.
A través de la moda, al ponernos esa gabardina de Barbour,los hombres nos volvimos dioses efímeros.
Ese foulard de Louis Vuitton no adorna tu cuello, te transmite el carisma de la marca y te vuelve inmortal por un instante.
Si Dios ha muerto, tú eres el nuevo Dios.

Las marcas tienen como nuevo objetivo “reencantar el mundo”.
El capitalismo es ahora su propio mito (Baudrillard).
La prenda, como ya os confirmamos en este blog de Ola moda, es una frontera, un fetiche embrujado que permite a los simples mortales volverse divinos.
Esos objetos textiles tan bellos son en realidad instrumentos mágicos.
Cuando llevas a cabo el ritual de enfundarte en ellos cada mañana, cuando tocan tu piel, lo material se vuelve gloria, lo inmanente pasa a ser metafísico.

Nietzche golpeó a Dios en la cabeza con su homicida máquina de escribir.
Nos quedamos solos.
Entonces, huérfanos, buscamos en la moda la fuerza telúrica que nos convierta en nuestro nuevo ídolo.
Ese jersey, ese perfume, te lleva a ser apolo.
Ese es el poder sacrosanto de la moda.
Nietzsche mató a Dios y el hombre, a través de la moda, devino su propio ídolo


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