
Por Antonio Adsuar
Dr. en filosofía
¿Qué necesita una marca para ser relevante, para sobrevivir y prosperar?
Vender, vender y vender.
No cabe la menor duda.
No obstante, aunque la respuesta a esta pregunta no varíe en con tiempo, sí es necesario mutar constantemente para alcanzar el objetivo.
¿Cómo se conseguía generar negocio hace no tantos años?

Con una buena relación calidad-precio, mediante la puesta en el mercado de ropa funcional y bonita.
Hoy las cosas han cambiado.
Las casas de moda deben estar presentes a diario en la mente del consumidor, la guerra por el «share of mind» es feroz.
Armani pelea por estar en la conversación, Abercrombie debe imperiosamente crear imágenes para sus redes sociales a diario.
Recuerden a McLuhan: «el medio es el mensaje».
El hiper-medio hoy es internet.
La red crea un mundo de comunidades, de intercambio constante de comentarios e imágenes.

Rápido, rápido, más vídeos, más fotos, rápido, rápido.
La hiperacelaración algorítmica no da tregua.
En este cosmos-contexto, las empresas de moda se enfrentan a una paradoja.
¿Si no me vas a comprar una prenda cada día, cómo puedo estar presente en tu vida cotidiana?
Las marcas están ensayando diversas soluciones.

Sí puedes tomar un café al día, el elegante café Lacoste de París te da la bienvenida.
Las pop-ups stores efímeras estivales se ponen en marcha para refrescarte y generar experiencias que te hagan vivir la marca a cada instante.
Desde luego, cada empresa-moda se reúne cada lunes para estudiar cómo alimentará de eventos la semana.
Estas citas emblemáticas, llenas de famosos jóvenes y coloridos, nutrirán las redes sociales al permitir crear vídeos estimulantes y fotos bellas.
Estamos, por lo tanto, ante un cambio de paradigma radical: ¿por qué no ha organizado aún Gant un semana de conciertos de country para promover el #GantStyleOfLife?
Stay tuned, va a pasar.


































