
Por Antonio Adsuar
¡Ay la identidad!, que cuestión más importante y escurridiza.
Las personas, los colectivos, los países y naciones y también las marcas poseen una.
En nuestra micro-cápsula de hoy nos aproximaremos a la personalidad de marca analizando el carácter de una enseña destacada y compleja: Carolina Herrera.

La fundadora que da nombre a esta casa de moda nació en Venezuela pero desarrolló su trabajo en Nueva York.
La mezcla de lo hispano-latino y lo estadounidense-neoyorkino está por lo tanto en su ADN, configura su esencia.
En nuestra actualidad más inmediata, en este incierto marzo de 2026, defender la esencia plural de un Estados Unidos muy influido por lo hispánico es tan vital como polémico.

Sirva una muestra actual como ejemplo: Bad Bunny reivindicó recientemente lo latino-hispánico en el momento cumbre de la cultura-espectáculo de EEUU: el show del medio tiempo de la sacrosanta Super Bowl.
El gesto del «conejo malo» converge con la reivindicación cultural que representa Carolina Herrera, que pone en valor su singular personalidad basada en la fusión anglo-latina.
El uso profuso que hace esta marca de los rojos intensos, su apuesta por las pasiones, por una sensualidad reafirmada y por una feminidad fuerte y desinhibida, sin duda se relacionan con elementos identitarios asociados a lo español-latino como el flamenco, los toros, la fiesta y el hedonismo extrovertido.

Por tanto no es casual, evidentemente, que Carolina Herrera eligiera la plaza Mayor de Madrid este pasado septiembre de 2025 para presentar por primera vez su colección fuera de NYC.
La compleja identidad de marca que caracteriza a Carolina Herrera se articula de esta manera entorno a la fusión de lo hispano-latino con lo estadounidense, poniendo énfasis en el sofisticado cosmopolitismo neoyorquino.
CH nos fascina con su personalidad efusiva, compleja y múltiple, ¿alguien da más?


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