
Por Antonio Adsuar
Dr. en filosofía
Un nuevo espectáculo pugna por hacerse con tu pantalla.
Las guerras culturales contemporáneas siguen la lógica de un “what’s next” espasmódico, incesante.
Se organizan, sobre todo, a través de imágenes.
En su muy citado texto “La sociedad del espectáculo”, el galo Guy Debord nos brindó algunas pistas antropológicas cruciales.

El show no es una categoría parcial, es una forma de organización social total.
Alrededor del evento mágico se articula todo lo humano.
¿Cómo se relaciona la moda con esta lógica ineludible?
Las marcas tratan de dominar la conversación, de insertarse en el relato sirviéndose de sus prendas y complementos.
El imperativo de generación de imágenes continuas con las que Dior, Ferragamo, Yves Saint Laurent, Loewe y las demás invaden nuestra realidad-pantalla, se convierte una pesadilla propia de Sísifo.

Llegados a este punto, cabría preguntarse: ¿qué tipo de espectáculo es el predominante en nuestra sociedad actual?
Sin duda la respuesta es evidente: el deporte.
Cada día nos asalta la pregunta: ¿qué competición deportiva va a dominar la conversación los próximos días?
Pasado Roland Garros, las activaciones de marca han de colonizar el mundial de football 2026.
Cada enseña debe hacer un esfuerzo por asociarse a los neo-dioses del balompié.

Messi, Cristiano, Halaand devienen héroes, crean mitos, fundan nuevas religiones.
Las casas de moda que los vistan se coronarán con ellos.
¿Qué marca será la campeona de mundo?: Adidas, Puma, Nike, también pelean por la gloria.
En nuestras curiosas sociedades-pantalla, moda, espectáculo y deporte se funden en un cosmos simbólico clave que da sentido al mundo fabuloso y reencantado del siglo XXI.








