
Por Antonio Adsuar
Dr. en filosofía
La vida es un frenesí, ya lo decía Calderón.
Es difícil comprenderla.
No obstante, muchos tratan de captar su esencia entendiendo sus tiempos.
Frente a la visión del devenir lineal de la cultura judía y cristiana, articulada en torno a la idea de progreso, los griegos concibieron el cosmos como un círculo perfecto.

Y, ¿qué hay más cíclico que las estaciones del año?
Llega el verano, ahora, una y otra vez.
La moda, esto es evidente, es muy griega.
Los ritmos en el universo “fashionista” los marcan las temporadas: primavera/verano y otoño/invierno.
La moda acompaña al clima, va ajustando sus propuestas para proporcionarnos confort.
En invierno las marcas nos protegen del frío, en verano nos ayudan a transitar frescos y tolerar el inclemente calor.

¿Qué es pues el verano?
¿Cómo pueden las firmas de moda acompañarlo y fundirse con él para acabar formando parte de nuestro yo estival?
El verano es, ante todo, efímero, fugaz, pasajero.
En julio y agosto podemos detenernos, tomar unas vacaciones.
Durante algunos días nuevas actividades y “moods” se permiten nacer.
En verano somos otros.
El tiempo del estío vive organizado por el mundo del deseo.

Viajo, me distraigo, me diverjo y me divierto.
Mango, Adolfo Domínguez, Lacoste, Primark, Massimo Dutti quieren vestir nuestras ilusiones, permitirnos sentir las “vibes” de ese pequeño mundo nuevo y mejor que todos anhelamos.
Observemos cómo comunican las marcas en estas semanas, todas te transmiten un única cosa:
“Yo soy tu verano”.
¿Cuál crees que te va a seducir?


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