
Podríamos situarnos en el muy interesante siglo XVIII. La sociedad estamental sigue vigente, aún no ha estallado la revolución francesa de 1789.
La realeza es absoluta y la nobleza impera.
Evidentemente, el refinamiento de estas clases altas, sofisticadas y despóticas, se ve reflejado también en su forma de vestir.
Todos buscan distinguirse usando las mejores telas y abrazando la última tendencia de la corte.

Los artesanos que proporcionan la rica indumentaria de los aristócratas se adaptan a lo que demanda la alta sociedad, no se reivindican como autores de sus creaciones, no proponen colecciones, solo sirven a los “happy few” estamentales.
No obstante en el siglo XIX, mi centuria favorita, todo cambia.
Sucedió en Francia, claro está, pero el giro decisivo que cambiaría el mundo de la moda vino de la mano de un británico: Charles Frederick Worth(1825-1895).
La sociedad está evolucionando, los artistas reivindican su voz e irrumpen con personalidad en todos los campos.
Ya no serán ellos los que se ajustarán a las peticiones de los clientes.
El creador quiere ser libre, expresarse y expandirse, marcar el camino a las élites.

Worth, un inglés en la Galia, comienza a firmar sus diseños.
Los clientes deberán acudir a él, desplazarse a su taller, dejarse conducir por sus propuestas.
El negocio moderno de la moda ha nacido, aparece la alta costura.
El diseñador, con su ego, su genialidad y su soltura, deviene el rey de la moda por décadas.
En el siglo XX esta tendencia “diseñador-céntrica” no hará sino consolidarse.
Talentosas figuras como Coco Chanel, Dior e Yves Saint Laurent, se adueñan de una escena-moda que se organiza entorno a un “start-system”.
Andando el tiempo, será un empresario español visionario y empecinado el que comience a demoler todo este sistema.

Amancio Ortega, nacido en 1936, es meticuloso, trabajador y observador. Pasa muchos años de cara al público, como dependiente.
En los años 1970 y 1980 España está saliendo de la dictadura franquista, una incipiente clase media aparece.
Los ciudadanos abandonan en campo y las fábricas y comienzan a trabajar de cara al público, en el sector servicios.
La mujer española se incorpora al mercado laboral y quiere vestir bien sin gastar demasiado dinero.
En este contexto, Ortega tiene da con una idea genial: ¿por qué no conocer mejor a los clientes y simplemente darles lo que quieren?
Los orígenes del empresario leonés lo alejan del París de los diseñadores, su circunstancia española lo lleva a fundar Zara en 1975.

Nuestro emprendedor desplaza al creador divino del centro del universo y vuelve a situar en el corazón de la moda al comprador.
Ortega, sin duda, irió de muerte al lanzar Inditex al artista Worth.
El imperio de Arteixo no se dedica a servir a una élite señorial mínima y pudiente, su público objetivo es una clase media a la que ofrece una gran relación calidad-precio.
La historia, como la moda, es cíclica.
Así lo demostró Ortega al obrar este muy inteligente giro que cambió, desde España, la moda mundial para siempre.
Ortega sin duda mató a Worth, el artista se vio derrotado y el cliente volvió al centro de la moda
Acabas de leer una micro-cápsula de Antonio Adsuar
Dr. en Filosofía y fundador de PensarlaModa.com
Blog Ola moda



Deja una respuesta