Categoría: Sociología de la moda

  • La marca, comunidad imaginada

    La marca, comunidad imaginada

    Tiempo de lectura: 3 min.

    El historiador Benedict Anderson definió en un célebre libro a las naciones como “comunidades imaginadas”.

    Según sus tesis, los grupos humanos que pertenecen al mismo país tienen en común una serie de características (lengua, cultura, origen) que los unen a través de un relato compartido.

    Los miembros de una determinada sociedad son solidarios entre sí, se reconocen en los mismos valores y representan a su país.

    A mi modo de ver, las marcas de moda también forman comunidades imaginadas.

    Las prendas que crea cada firma le sirven para construir un universo compartido de significados.

    Usando diversos elementos como el logo, la decoración de las tiendas y los mensajes en publicidad y redes sociales, va creando cada casa un relato que cohesiona a las personas que defienden su enseña.

    La gente “se siente de Nike”, piensa que el estilo de Prada le representa, se vincula con ciertos valores estilísticos cuando luce una joya de Tous.

    Los consumidores confían en una marca como confían en un amigo. Comparten el cosmos simbólico de la empresa, se sienten parte de ella.

    En definitiva, al lucir una prenda forman parte del sueño de bienestar y excelencia que la marca les ha prometido.

    Las marcas crean comunidades-moda, vinculadas por un estilo y un relato compartido

    Llevo Valentino para pertenecer a la comunidad Valentino, para ser de Valentino, para, a través de Valentino, hacer de mí mismo algo diferente al vincularme con el universo Valentino.

    Las casas de moda, en suma, pueden considerarse “hermandades de lifestyle«, ya que construyen cada día, sin duda, grupos humanos unidos por signos, símbolos, estéticas y relatos.

    Nos vinculamos a una marca a través de sus prendas para pertenecer y formar parte de su universo

    Acabas de leer una micro-cápsula de Antonio Adsuar

    Dr. en Filosofía y fundador de PensarlaModa.com

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  • Eterna generación Nude Project

    Eterna generación Nude Project

    Tiempo de lectura: 3 min.

    La moda es cíclica. Es bien sabido.

    La moda es cambio, tensión entre lo nuevo y lo viejo. Los jóvenes viven deprisa, deseosos de abrazar lo inédito, lo diferente.

    No debemos dejar de remarcar otra idea esencial: la juventud, por esencia, quiere diferenciarse de sus padres.

    Pensemos en la adolescencia: tras una edad infantil en que la el niño ve moldeada su personalidad por sus progenitores, el nuevo-yo-quinceañero comienza a decir “no”.

    Y a base de negar las consignas heredadas, se va creando a sí mismo.

    La indumentaria juega un papel vital en la construcción de esta neo-personalidad.

    Si yo no quiero ser como tú lógicamente no quiero parecerme a ti y, por lo tanto, buscaré una forma de vestir diferente.

    La industria de la moda siempre ha acompañado a los jóvenes en este anhelo, ha sabido servir a su voluntad de divergir, ha ofrecido a las nuevas generaciones atuendos que les permitan construirse contra sus padres.

    Soy joven y, cuando escucho al profesor Freud decir “hay que matar al padre”, siento que tiene razón.

    Muchas marcas actuales ofrecen a la chavalada una propuesta renovada. Nos puede gustar o no el “oversize” y demás giros estilísticos actuales, pero es evidente que existen y triunfan.

    La juventud representa un futuro que se construye negando el pasado a través de su moda

    Marcas emergentes como Nude Project, Scuffers, EmeStudios, Blue Banana y muchas otras representan actualmente esta sempiterna pulsión alegre y los nacidos en el siglo XXI las hacen suyas, cual banderas generacionales.

    En realidad, no hacen sino repetir una pauta sociológica cíclica, una tendencia estructural que los grupos humanos llevan poniendo en juego hace milenios.

    No lo saben y les da igual, ellos son únicos y visten diferente.

    Como lo serán sus hijos.

    La moda, mudanza eterna, los acompañará también.

    Los jóvenes y su moda se alían eternamente para crear un nuevo espíritu del tiempo

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    Dr. en Filosofía y fundador de PensarlaModa.com

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  • Bourdieu y los happy few

    Bourdieu y los happy few

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    “Des goûts et des couleurs, on ne discute pas”, afirman los franceses. Esta frase da a entender que las preferencias estéticas y las referidas a los placeres son irracionales, personales, únicas e inexplicables.

    El sociólogo galo P. Bourdieu no está en absoluto de acuerdo y desplegó un libro importante y denso llamado “La distinción” (1979) para fundamentar su postura.

    Este pensador quería defender un tesis clara: la clase social a la que pertenecemos determina nuestras elecciones, somos mucho menos libres de lo que creemos.

    En realidad, como sabemos, las élites organizan sus deleites y preferencias para destacarse, para mostrar a todos que son mejores que los demás.

    ¿En qué prácticas se concreta esta mentalidad?: por ejemplo, en la elección de la indumentaria, en los deportes que practican, en la cuidada selección de comida y bebida a la que se dedican los supuestamente superiores.

    Además, solo los más ricos pueden pagar el dinero necesario para destacar por encima de los demás.

    Por lo tanto, las clases altas están mandando un mensaje al resto: “yo puedo permitirme esto y tú no. Por lo tanto, soy mejor que tú”.

    Sin embargo, no todo es tan sencillo y evidente.

    No somos libres de elegir realmente nuestros gustos

    Los más acaudalados han generado toda una serie de narrativas a través de la historia para hacer pasar sus gustos más refinados por naturales.

    Quieren hacer creer a aquellos que los observan que son, de alguna manera, “los elegidos”, que de forma innata ellos saben aquello que es excelente, egregio, sobresaliente, excelentemente mágico.

    ¿Cómo se concretan estas estrategias en el cosmos-moda?

    Lógicamente los ultra-ricos adquieren ropa cara, la muestran a través de la exhibición de la marca o, más recientemente, comunican su estatus mediante el “quiet luxury”, ostentando prendas y accesorios costosos pero no tan llamativos, que, no obstante, sí pueden ser reconocidos por sus pares, por los happy few.

    Comprender este mecanismo sociológico, que ha funcionado desde hace milenios, nos permitirá descifrar mejor el momento-moda actual, entender las tendencias más adecuadamente.

    El supuesto gusto superior/natural de las élites no existe

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    Dr. en Filosofía y fundador de PensarlaModa.com

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  • ¿Vistes o te visten?

    ¿Vistes o te visten?

    Tiempo de lectura: 3 min.

    Yo sin duda me visto, a mí no me visten. Yo tengo mi propio estilo, a mí nadie me impone nada. No es lo que tengo, es lo que soy”.

    Todos (o casi todos) responderíamos de esta forma, con mayor o menor rotundidad, a la pregunta: ¿Vistes o te visten?

    En una era marcada por el híper-individualismo, sería difícil de aceptar para nuestro egos proyectados la idea de que “nos visten”, de que deciden por nosotros…pero, ¿está todo tan realmente claro?.

    Aquellos que lanzaran un rotundo “sí” afirmarían que ellos lo que buscan es sentirse bien consigo mismos, estar cómodos, identificarse con su estética.

    No obstante, como ya Aristóteles nos indicó, el hombre es sobre todo un ser social.

    ¿Vistes o te visten?: That is the question

    A mi modo de ver, nos vestimos también para que los otros nos respeten, para proyectar una imagen determinada, para encajar en una tribu (urbana o no urbana), para que aquellos que se relacionan con nosotros cotidianamente y aquellos que solo nos observan pasajeramente de soslayo en el metro nos perciban y conciban de una manera.

    Como dijo el psicólogo J.Flügel, cuando me visto pienso en cómo me verán los otros y esa auto-imagen reflejada en los demás cambia a su vez cómo me veo a mi mismo, cómo me siento cuando me pienso.

    Si reflexionamos un poco podremos entender con más claridad las complejidades de estas “identidades a través del espejo social” que vamos construyendo, seamos conscientes de ello o no.

    ¿Es posible no comunicar con tu atuendo cuando te lanzas al teatro del mundo?

    La respuesta evidente es no, por mucho que el sujeto narcisista se vista desde una auto-afirmación del yo cuya vertiente social no ha comprendido.

    Hemos de añadir una constatación adicional, evidente para cualquiera que entienda el sistema-moda actual: casi casi nadie elabora sus propias prendas y complementos.

    Por lo tanto, por mucho “yo” que presumas expandir con tu “outfit”, estás vistiendo algo diseñado, producido y vendido por otros.

    Recordemos, ya para terminar, de nuevo con Flügel, que nuestra ropa no es más una proyección materializada de nuestros super-egos.

    Es cierto, eres tú quien se viste cada mañana. Pero párate, mírate al espejo y pregúntate: ¿Quién me ha vestido hoy en realidad?, ¿para qué y para quién me he ataviado verdaderamente?.

    Somos lo que hacemos con las prendas que otros hacen para nosotros

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  • La moda y la sociedad abierta

    La moda y la sociedad abierta

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    ¿La moda?, no me interesa. Hay cosas más importantes en las que pensar; además, ese mundillo está lleno de frívolos, de egocéntricos. Todo son apariencias en la moda, es un universo muy superficial”.

    Es muy probable que te suenen estas palabras, las has escuchado muchas veces.

    Frente a esta visión simplista y despreciativa, el sector de la moda debe revindicar su importancia económica, pero también cultural.

    El cosmos-moda, como afirma el sociólogo francés Lipovetsky, aporta a nuestras sociedades valores tremendamente positivos y relevantes.

    La moda nos prepara para el cambio, nos abre a lo nuevo, nos ayuda a expresarnos.

    El sector de la moda debe reivindicar su importancia cultural

    Reflejamos con nuestra forma de vestir una pluralidad social que es nuestra esencia.

    La civilización occidental, como nos enseñó el filósofo austríaco Karl Popper, es diferente porque es abierta. Hemos construido, tras luchas de siglos, un entorno humando basado en la libertad, la posibilidad de crítica al poder, la democracia y la tolerancia.

    Moda y sociedad abierta, pongamos en valor este tándem virtuoso.

    Cuando se dan formas de organización colectiva cerradas, las élites y el Estado nos dicen cómo tenemos que pensar, no obligan a vestir de una determinada manera, no coartan y restringen.

    La civilización occidental nos permite ser nosotros mismo en comunidad, unirnos en la diversidad.

    La moda juega un papel importante, permitiendo y potenciando esta visión del mundo: nos permite auto-definirnos, expresarnos con mil colores y formas y reconocer en nuestras calles estilos, razas y culturas diferentes.

    En definitiva, reafirmemos con claridad el valor cultural de la moda. Solo así la sociedad comprenderá que no solo vendemos prendas, sino que también posibilitamos cada día la construcción de una sociedad más plural, libre y mejor.

    La moda permite construir una sociedad más abierta

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  • Capturando tendencias

    Capturando tendencias

    Tiempo de lectura: 2 min.

    Las tendencias, cambiantes y fulgurantes, nos dirigen a alguna parte desconocida, nos inclinan hacia el futuro.

    La moda vive del cambio, de la mutación fugaz y veloz, de la tendencia-que-lleva-a-tendencia.

    En la era de internet y del «ultra fast fashion», la sociedad se ha acelerado increíblemente y las micro-tendencias se multiplican.

    No han nacido aún y ya están pasadas de moda, «out of date«.

    ¿Cómo surge un tendencia?, ¿Dónde se crea?, ¿Quién la defiende primero?

    Los sabios ojeadores de Zara, ocultos en una concurrida avenida de Tokio, escudriñan el ahora en busca de respuestas.

    La moda vive del cambio, que es fugaz y veloz

    Determinar en qué punto crítico una ola de estilo, una propuesta concreta, puede ser aprovechada para poner en el mercado prendas que surfeen la tendencia y la acaben explotando, puede ser crucial para hacer una buena temporada primavera-verano.

    ¿Cuándo esta atracción, que está a punto de devenir “mainstream”, va a explotar?, ¿Cuándo se está desvaneciendo y hay que abandonar el barco, dejar de producir en base a este “hype” que ya se extingue?

    Colores, formas, tejidos, accesorios...todos tratan de captar el «mood», de llegar los primeros al “what’s next” más radiante.

    Esta micro-reflexión sobre las tendencias nos pone de nuevo ante una clave evidente: en la moda la gestión de los tiempos, la comprensión del “zeitgeist”, es vital.

    ¿Cómo puede la moda surfear el cambio y capturar el tiempo?

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  • La rebelión de los chándals

    La rebelión de los chándals

    Tiempo de lectura: 4 min.

    Por todas partes, en el mundo entero, observamos el triunfo de lo “casual”, de lo informal. Los viejos (¿buenos?)tiempos en los que ir elegante y bien vestido era comúnmente valorado por todos se han esfumado.

    El más grande filósofo español, José Ortega y Gasset, teorizó en su muy conocido texto titulado “La rebelión de las masas” (1929) la evolución que estaba constatando en aquella sociedad de principios del XX.

    Las revoluciones políticas del siglo XIX hicieron avanzar la democracia política y la igualdad social. Todos los hombres debían ser considerados libres y tener los mismos derechos.

    Lógicamente, estas transformaciones fueron positivas pero trajeron muchas consecuencias inesperadas, también en el cosmos de la moda.

    Con la pérdida de prestigio y poder de unas élites que se vestían para generar narrativas sociales de distinción que justificaran su posición predominante, de repente la gente se sintió más libre para vestir como quisiera.

    ¿Por qué gastar más dinero e ir incómodo si ahora mi voto valía lo mismo que el de mi jefe?

    La moda se fue adaptando y se lanzaron propuestas más pensadas para el día a día, que fueron siendo puestas en el juego social por parte de una clase media que se consolidó en Europa a partir de 1950.

    En Estados Unidos la gente ya había ido creando sus propios estilos, al margen de la antiguamente necesaria imitación de las clases altas. Se popularizaron los vaqueros, unos pantalones rudos y rebeldes, pensados en un inicio para el duro trabajo del campo.

    Estas nuevas dinámicas sociales se impusieron y se unieron a una mayor oferta en moda.

    La «rebelión de las masas» del siglo XX, trajo el auge de lo casual y lo informal

    La explosión de estilos y la rebelión del hombre común, que quería demostrar que podía ser él mismo, nos llevaron hasta el actualmente omnipresente chándal.

    Hace no tantos años, poca gente se hubiera atrevido a salir a la calle con ropa deportiva.

    Ahora el “Athleisure” es una tendencia ubicua, que nos permite vivir la vida en todo lugar y contexto con un atuendo de gym.

    Aunque evidentemente aún existe el mundo del lujo y las clases poderosas siguen tratando de diferenciarse del resto con un consumismo estridente, la sociedad ha avalado la «rebelión de los chándals«.

    La moda avanza con los tiempos y sabe ofrecer atuendos que se ajusten al espíritu de cada época. Esta capacidad flexible, esta mutabilidad esencial, es su gran fortaleza.

    No lo olvidemos.

    La moda es, básica y fundamentalmente, adaptación al cambio

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