
Hubo tiempos, la mayoría de los tiempos, en los que lo permanente, lo sólido y lo tradicional gozaban de gran prestigio.
Las sociedades veneraban la repetición y lo inmutable.
Los rituales, los objetos y las costumbres pasaban de generación en generación.
Todos odiaban toda novedad.

Sin embargo, en la Europa de finales del siglo XVIII, la revolución francesa de 1789 trastocó el universo de los hombres.
Nació un mundo diferente, que puso en su centro el valor positivo del cambio.
Nos dijo Gilles Lipovestky no hace mucho que la seducción de la moda es la seducción de lo efímero.
Lo fugaz es bello, precipitarse hacia la nueva tendencia nos permite vivir mil aventuras.
La industria de la moda abrazó esta aceleración futurista y produjo una explosión atómica de colores y formas pasajeras.

La moda se volvió híper-temporal y fue imposible seguirle el ritmo a tanta colección cápsula. Por las venas nerviosas de internet fluían cientos de “micro-trends” y el fashion pasó de “fast” a “ultra fast”.
¿Somos conscientes de las implicaciones profundas de tanta histeria?, ¿Cuáles son las consecuencias positivas y negativas de esta vida pasajera y excitante?
La seducción de la moda es la seducción de lo efímero
La producción y el consumo se vuelven vertiginosos y los compradores acuden felices a su cita semanal, quasi diaria, con las propuestas-moda.

No obstante, otras alternativas más lentas y conscientes aparecen, retando a lo nuevo-momentáneo. ¿Tienen futuro?
Sabemos que en nuestra modernidad líquida, nos lo enseñó el sociólogo Z.Bauman, todo convivirá con todo, pero hemos de tener algo siempre presente: para pensar la moda debemos meditar sobre lo efímero y tratar de captar la instantánea fugacidad que caracteriza nuestra vida hoy.
¿Aceleramos o frenamos?
Si la esencia de la moda es lo nuevo-efímero, ¿es posible alumbrar una «moda lenta»?
Acabas de leer una micro-cápsula de Antonio Adsuar
Dr. en Filosofía y fundador de pensarlamoda.com
Blog Ola moda



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