Etiqueta: Simmel

  • ¿Ha muerto la moda de clase?

    ¿Ha muerto la moda de clase?

    Tiempo de lectura: 3 min.

    Por Antonio Adsuar

    ¿Cómo muestra la moda las mutaciones sociológicas radicales?, ¿como refleja la evolución de la indumentaria el mundo desordenado hacia el que avanzamos?

    En las épocas clásicas, como explicó G.Simmel, la masa, la gente de abajo, los humildes, imitaban sin cesar y con tesón a las élites, a los ricos y poderosos.

    Esta pulsión emulativa era uno de los más poderosos motores de la moda, ya que los grupos selectos dejaban atrás las prendas y las costumbres que les procuraban su distinción cuando percibían que el resto de las clases sociales las adoptaban.

    Se trataba de un juego estilístico del gato y el ratón.

    ¿Cuándo cambió esta dinámica? Posiblemente a finales del siglo XIX y principios del XX.

    La Primera Guerra Mundial (1914-18) acabó definitivamente con “el mundo de ayer” que describió el trágico escritor S.Sweig.

    Los ciudadanos comunes dejaron de profesar la admiración reverencial que habían sentido por siglos por las élites.

    Los menos pudientes dejaron de necesitar imitar las indumentarias y las formas de imagen proyectadas por los acaudalados.

    Todo se volvió más confuso y, cuando más avanzaba el siglo XX, el desorden-moda y la explosión y multiplicación de estilos se fueron imponiendo.

    El “streetwear”, por ejemplo, un “core” nacido en las calles de los barrios más pobres de los Estados Unidos, empezó a ser adoptado por la alta sociedad.

    De repente, un chico bien de la Universidad de Princeton quería imitar con su forma de vestir a un negro baloncestista del Bronx.

    El mundo al revés llegó a la moda..

    En definitiva, como aseveró el sabio modisto Lorenzo Caprile en esta conversación con el periodista Sergio del Molino, ya no es posible distinguir por su apariencia realmente a un “yupi”con posibles de La Moraleja de un representante cualquiera de la clase media baja de Parla.

    Ambos pueden llevar unos espléndidos vaqueros rotos.

    Los de primero podrán valer miles de euros y los del segundo, apenas unos cuarenta.

    Nos encontramos, en definitiva, ante una subversión caótica del orden-moda clásico.

    Es un hecho.

    ¿Lo debemos celebrar o lamentar?

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  • Moda y aceleración

    Moda y aceleración

    Tiempo de lectura: 4 min.

    Por Antonio Adsuar

    Dr. en filosofía política

    Los directores creativos están quejosos. Los reemplazan sin piedad, las grandes casas no les dan tiempo para consolidar sus propuestas.

    Están sufriendo, esto es evidente, uno de los fenómenos globales que en mayor medida marcan nuestra sociedad actual: la hiper-aceleración.

    Nadie tiene paciencia, la industria-moda quiere resultados inmediatos.

    Excelente texto, clave para alumbrar este post 😉

    Nos apuntamos todos presurosos al último curso sobre intelegencia artificial para tratar de automatizar tareas y volvernos así más productivos.

    Este estado de cosas nos sitúa frente a una gran paradoja: como el capitalismo exige crecimiento constante, todos tenemos que correr el doble simplemente para quedarnos en el mismo sitio.

    Crecer, crecer, crecer, más rápido; hemos de cambiar más aceleradamente para ser más veloces.

    La moda, como dijo G. Simmel, se caracteriza por ser cíclica, por fundamentarse radicalmente en el cambio.

    Por este motivo es nuestro sector el que mejor se adapta a la imperante aceleración social.

    La moda es puro Heráclito, fluye por esencia con determinación.

    Si con Zara llegó la moda “fast”, Shein nos lleva al “ultra fast-fashion”; ¿qué será lo siguente?, ¿viveremos la llegada del paradigma “ultra-mega-fast”?

    Toda esta desaforada deriva nos lleva como seres humanos a la alienación.

    Necesitamos tener una relación más lenta y más sana con nuestra ropa, con nuestro autoimagen, con nuestro “yo proyectado”.

    Si tratamos de seguir las ocho microtendencias mensuales pasaremos de un estilo al otro sin llegar a tener ninguno.

    El constante cambio por el cambio nos lleva a la nada.

    La industria nos acelera y se beneficia de ello.

    Pero no culpemos a la moda de manera demasiado severa, solo es la punta de lanza de un sistema súper-productivo, basado en la búsqueda del máximo beneficio.

    La indumentaria emociona, nos da vida, nos permite expresarnos.

    La industria de la moda nos aporta cultura, arte, deleite estético y es fundamental económica y socialmente.

    No obstante, desde este blog de “Ola moda” sí queremos proponer un nuevo equilibrio.

    La excelencia empresarial, el milagro logístico y todas las hazañas de este industria tan genial han de ser puestas al servicio de una moda más sensata.

    Comprar menos nos hará más libres.

    El planeta tierra debe dejar de sufrir las consecuencias de nuestro híper-consumismo.

    Todos nos beneficiaremos de una moda más pausada, que apueste por un crecimiento más moderado y sostenible y siga otorgando valor a un consumidor que podrá seguir disfrutando de aquello que hacemos posible: que sienta el placer de vestir.

    La moda es puro Heráclito: ¿nos lleva el cambio por el cambio a la nada?

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