Etiqueta: Nietzche

  • La moda, el arte y lo sublime

    La moda, el arte y lo sublime

    Tiempo de lectura: 4 min.

    ¿Es la moda arte?, muchos han debatido sobre esta cuestión.

    La respuesta es, desde luego,.

    La moda es muchas cosas, es industria, es diseño, es arquitectura, es comercio, es negocio, es una musa caprichosa que es todo lo que quiera ser.

    Releyendo estos días “La estetización del mundo” de G. Lipovetsky y su cómplice J.Serroy, medito sobre las relaciones arte-moda-consumo en nuestra sociedad postmoderna.

    A finales del siglo XIX y principios del XX, todo el mundo sentía que Nietzche había matado a Dios.

    Muchos no lo querían creer, pero las energías religiosas del ser humano buscaban fuera de los credos tradicionales una forma de manifestarse.

    Fue entonces cuando el arte se erigió en alternativa mágica, acudió en busca del hombre para darle un nuevo sentido a la vida.

    Los más diversos objetos pasaron a cobrar significados trascendentales y las más bellas prendas se vieron imbuidas de un espíritu total.

    Toda la nueva belleza y el sentido de estas propuestas se basaban en una apuesta decidida por la centralidad de la estética.

    Andando el tiempo, este nuevo cosmos se vio potenciado, se expandió gracias al crecimiento económico.

    En este contexto, en los años cincuenta del siglo XX, un fenómeno arranca en los Estados Unidos: la sociedad de consumo de masas deviene una realidad tangible.

    Los publicistas utilizan con destreza el diseño y el arte para legitimar sus marcas, para construir narrativas que den significado y valor a sus productos.

    La moda, por supuesto, se sitúan a la vanguardia de este movimiento.

    La alta costura va perdiendo sentido, pero el carisma de los diseñadores se transfiere a un prêt-à-porter que seduce a la clase media.

    Este nuevo paradigma artístico-publicitario comienza a ganar, de la mano de la aparición de la televisión, unos interesantes aliados: aparecen el espectáculo al servicio de la venta y la teatralización de los espacios de consumo.

    Las prendas y complementos se insertan en arquitecturas majestuosas, que potencian su aura.

    Recuerdo un Zara al que solía ir en Elche. Estaba, literalmente, en un antiguo teatro.

    Allí, sobre el escenario, lucía en su rol protagonista, una gabardina.

    La propuesta de valor era diáfana: tú puedes ser el artista, el actor excelso, el “main-character” de tu propia vida.

    Solo necesitas la autoridad que te va a conferir ese «blazer» irresistible, que te trasmitirá el carisma que su diseño y su pulcritud estética le otorgan, potenciando por el poder performático del espacio de venta en el que se sitúa, magistralmente iluminado.

    ¿Qué ser humano podría resistirse a esta promesa, quién no querría transmutarse en Dios por un instante, simplemente enfundándose en estos bellos objetos sobrenaturales, estas prendas estetizadas que nos permiten abrazar lo sublime?

    El arte se apropia del poder de lo sagrado y los objetos-moda devienen fetiches que nos transmiten carisma y nos convierten en dioses

    Acabas de leer una micro-cápsula de Antonio Adsuar

    Dr. en Filosofía y fundador de PensarlaModa.com

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  • El desfile como ritual

    El desfile como ritual

    Tiempo de lectura: 2 min.

    La moda es mar. Así titulamos en PensarlaModa.com nuestro manifiesto.

    Porque la moda, si observamos bien, si dirigimos la mirada más allá de las superficiales olas, es un océano profundo, lleno de significados.

    La moda es muchas “emes”, la moda es magia. Y todo cosmos mágico necesita de rituales esenciales.

    Uno de los momentos clave en los que la esencial intangible del espíritu de la moda se manifiesta y aparece entre nosotros en toda su carismática presencia es sobradamente conocido: todo cambia durante el desfile.

    El filósofo coreano-alemán B.C. Han nos lo advirtió: en una sociedad hiper-racionalizada los instantes de culto, en los que lo inusual e inefable se manifiesta, son cada vez más escasos.

    El carisma de la moda se manifiesta en el momento mágico del desfile

    Los nervios, las semanas de preparativos. Todo está programado al milímetro. No obstante, al mismo tiempo todos saben que lo que va a suceder es caótico, incontrolable, y por ello, valioso y único.

    Se van deshilando las propuestas del diseñador y el hechizo toma forma.

    Solemnes, los modelos avanzan. La música, la expectación, la emoción se acompasan.

    Los desfiles son tiempos-rito, instantes seductores e irrepetibles, que nos recuerdan que la moda es deseo, irracionalidad nietzscheana etérea e inmortal.

    Es, ahora y siempre, en el desfile, donde la moda se sabe mágica y nos transporta, a golpe de pasarela, a un más allá mejor.

    En el rito del desfile la moda lanza su hechizo de deseo

    Acabas de leer una micro-cápsula de Antonio Adsuar

    Dr. en Filosofía y fundador de PensarlaModa.com

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  • La moda reencantada

    La moda reencantada

    Tiempo de lectura: 2 min.

    Un día fue amaneciendo el mundo y la magia se había ido.

    ¿Cómo pudo suceder? El proceso fue descrito con notable éxito por un sociólogo clásico, Max Weber.

    Este pensador alemán, que divulgó sus ideas fundamentalmente en la segunda mitad del siglo XIX, nos explicó cómo a partir de la ilustración (que surgió en el siglo XVIII) la gente dejó de dar sentido al mundo a través de los dioses, del destino y de lo inexplicable.

    La ciencia dio el poder a lo racional y Dios murió tras escuchar el grito de Nietzche. Todo se volvió frío y la naturaleza fue comprendida a partir de leyes universales inmutables.

    No obstante, como sabemos, no es posible ni divertido reducir lo real a lo racional.

    Las ideas frías ilustradas pronto generaron un contraataque, conocido como romanticismo.

    Gracias a este movimiento, lo salvaje, lo irracional, lo pulsional, fue liberado de nuevo.

    El hombre se resistió a vivir aherrojado por el corsé de lo puramente lógico.

    Y, a partir de este impulso neo-emotivo, el mundo se reencantó y la moda volvió a cobrar sentido.

    Lo irracional es bello, la moda es puro deseo, total fantasía.

    Las ganas de vivir siempre luchan contra la muerte y nuestras prendas y accesorios impulsan nuestros sueños hacia el infinito.

    Nunca debemos olvidar que si producimos moda no estamos vendiendo ropa, estamos activando anhelos.

    Apreciemos todo lo bueno que la razón y la ciencia nos traen, pero nunca dejemos de desear intensamente. En la moda encontraremos la mejor aliada para imaginar nuestro mejor porvenir.

    Con el reencantamiento del mundo, lo mágico renació y la moda volvió al centro de la vida

    Acabas de leer una micro-cápsula de Antonio Adsuar

    Dr. en Filosofía y fundador de pensarlamoda.com

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