Categoría: Sociología de la moda

  • ¿Ha muerto la moda de clase?

    ¿Ha muerto la moda de clase?

    Tiempo de lectura: 3 min.

    Por Antonio Adsuar

    ¿Cómo muestra la moda las mutaciones sociológicas radicales?, ¿como refleja la evolución de la indumentaria el mundo desordenado hacia el que avanzamos?

    En las épocas clásicas, como explicó G.Simmel, la masa, la gente de abajo, los humildes, imitaban sin cesar y con tesón a las élites, a los ricos y poderosos.

    Esta pulsión emulativa era uno de los más poderosos motores de la moda, ya que los grupos selectos dejaban atrás las prendas y las costumbres que les procuraban su distinción cuando percibían que el resto de las clases sociales las adoptaban.

    Se trataba de un juego estilístico del gato y el ratón.

    ¿Cuándo cambió esta dinámica? Posiblemente a finales del siglo XIX y principios del XX.

    La Primera Guerra Mundial (1914-18) acabó definitivamente con “el mundo de ayer” que describió el trágico escritor S.Sweig.

    Los ciudadanos comunes dejaron de profesar la admiración reverencial que habían sentido por siglos por las élites.

    Los menos pudientes dejaron de necesitar imitar las indumentarias y las formas de imagen proyectadas por los acaudalados.

    Todo se volvió más confuso y, cuando más avanzaba el siglo XX, el desorden-moda y la explosión y multiplicación de estilos se fueron imponiendo.

    El “streetwear”, por ejemplo, un “core” nacido en las calles de los barrios más pobres de los Estados Unidos, empezó a ser adoptado por la alta sociedad.

    De repente, un chico bien de la Universidad de Princeton quería imitar con su forma de vestir a un negro baloncestista del Bronx.

    El mundo al revés llegó a la moda..

    En definitiva, como aseveró el sabio modisto Lorenzo Caprile en esta conversación con el periodista Sergio del Molino, ya no es posible distinguir por su apariencia realmente a un “yupi”con posibles de La Moraleja de un representante cualquiera de la clase media baja de Parla.

    Ambos pueden llevar unos espléndidos vaqueros rotos.

    Los de primero podrán valer miles de euros y los del segundo, apenas unos cuarenta.

    Nos encontramos, en definitiva, ante una subversión caótica del orden-moda clásico.

    Es un hecho.

    ¿Lo debemos celebrar o lamentar?

    ¿Te ha gustado el artículo?🌊solo clica y comparte🌊
  • Decathlon y tu guerra

    Decathlon y tu guerra

    Tiempo de lectura: 3 min.

    Por Antonio Adsuar

    El viejo Sigmund Freud, en algún metaverso paralelo, sigue fumando un puro y reflexionando en un café de Viena.

    Sus ideas continúan iluminando nuestro presente, seguimos buscando señales de la acción del subconsciente sobre nuestra existencia.

    Nuestro mundo, el hoy que nos ha tocado vivir, nos asalta a través de las multipantallas en las que vivimos y nos sumerge en mil conflictos.

    Nos hemos instalado, Trump mediante, en un clima pre-bélico.

    La psique sufre, la amígdala se agita.

    ¿Qué reflejos sociológicos tienen sobre nuestra indumentaria estos espasmos-mundo que nos acucian?

    Queremos protegernos, debemos hacerlo, necesitamos hacerlo.

    Nos lo explicaba con eficacia F.Pizá en un reciente artículo de “El País”, centrado el auge del llamado “warcore”.

    En nuestras sociedades está proliferando un “look de soldado”.

    La ropa deviene técnica, funcional.

    El color negro impera, el verde va ganando terreno, reaparecen los tejidos y las paletas propias del camuflaje.

    Esta pulsión desatada, a mi modo de ver, refleja dos necesidades: por una parte queremos parecer preparados, transmitir competencia, y elevar así nuestro valor social percibido.

    Por otra parte, con nuestra estética, estamos advirtiendo al otro: “estoy alerta, si me agredes responderé con violencia y eficacia”.

    Si nos exponemos a las redes sociales, al telediario o a cualquier podcast de actualidad, inmediatamente nuestro mente se verá condicionada por tanta hostilidad e incertidumbre.

    El inconsciente freudiano nos torturará con mil peligros y buscaremos seguridad en una nueva estética, comprando nuevas prendas, pertrechándonos con un caparazón-moda que nos calme.

    Seamos francos: ese tejido técnico adquirido en Dectalhon, esos pantalones cargo con bolsillos para todo, no servirán de nada si se desata la Tercera Guerra Mundial.

    No obstante, te hacen sentirte mejor mientras te tomas una café en una terraza.

    Pero, ¿cuál es el precio que estás pagando, qué repercusión tiene toda esta operación psicológico-indumentaria para la sociedad en su conjunto?

    Al vestirte para la guerra, automática e imperceptiblemente, modificas tu actitud frente al mundo.

    Optas por descartar lo delicado, lo estético, lo bello, sacrificándolo todo a una funcionalidad ruda y espartana.

    En definitiva te aíslas, te alejas de los demás y sacrificas la empatía que genera convivencia, tolerancia y civilidad.

    El «warcore», de esta forma, nos conduce por desgracia a un mundo peor.

    ¿Querremos evitar caer en esta deriva auto-bélica?

    ¿Te ha gustado el artículo?🌊solo clica y comparte🌊
  • El chándal de Maduro y la estética imperial

    El chándal de Maduro y la estética imperial

    Tiempo de lectura: 3 min.

    Por Antonio Adsuar

    Dr. en filosofía política

    En la era del espectáculo, de la comunicación-meme y de la redes sociales, el poder debe cuidar enormemente las imágenes.

    Nicolás Maduro, el presidente Venezolano, acaba de ser capturado hace apenas días por EEUU.

    El globo al completo solo esperaba un cosa: la foto.

    Por supuesto, en una civilización superficial e hiperacelerada, una imagen, esa imagen precisamente, valía más que mil palabras.

    ¿Cómo eligió la administración de Estados Unidos servirnos al reo en nuestras pantallas?.

    En primer lugar, tengamos en cuenta el objetivo: debían mostrar a un ex-presidente caído, desprovisto de toda autoridad.

    Cuando somos niños, cuando no mandamos ni sobre nosotros mismos, nos visten.

    EEUU, con Maduro bajo su dominio y sin voluntad, se había ganado el derecho a vestir, cual infante inofensivo, al otrora dictador.

    Caer, irse del poder, es hoy sobre todo perder el control sobre la propia imagen.

    ¿Qué prenda eligió Trump para su trofeo?: evidentemente escogió un chándal.

    Nadie toma en serio a un señor con un chándal gris.

    Enfundándolo en esta prenda deportiva, el imperio americano privó a Maduro del más mínimo atisbo de liderazgo.

    Pero, un momento: ¿se obligó al preso a salir en la foto ataviado con ropa deportiva de cualquier marca?

    Evidentemente no fue así.

    Los americanos expusieron a Nicolás Maduro al mundo cubierto con una pieza de la marca Nike.

    Nike. Cómo no.

    Nike es la marca deportiva líder en el mundo y representa el poder universal de Norteamérica.

    Además, el nombre de esta firma viene del griego “Νίκη”, que significa victoria.

    Trump, al vestir con un chándal de Nike a Maduro, está dando un mensaje al mundo: hemos ganado y hemos impuesto al dictador Venezolano nuestra impronta.

    Ahora es nuestro, es como un niño, nosotros lo vestimos de nuestra marca insignia, que representa nuestra hegemonía planetaria, nuestra primacía mundial.

    La imagen que todos estábamos esperando, pese a su apariencia descuidada, comunica a la perfección el mensaje político que Trump ha deseado transmitir.

    La “operación Maduro” ha brindado al mundo un ejemplo fascinante del uso de la indumentaria y la estética al servicio del poder.

    ¿Te ha gustado el artículo?, somos un blog nuevo, ¡Nos ayudas mucho si lo compartes!, Gracias🌊

    ¿Te ha gustado el artículo?🌊solo clica y comparte🌊
  • Moda España=Moda global

    Moda España=Moda global

    Tiempo de lectura: 3 min.

    Por Antonio Adsuar

    Dr. en filosofía política

    Y de Grecia nos vino una idea clave, una estrategia para estar en el mundo: para comprender algo lo primero que hay que hacer es definirlo.

    Este es el objetivo que se han fijado los profesionales del periódico digital sobre moda referencia en España, modaes.com.

    Capitaneados por la excelente Pilar Riaño, este poliédrico equipo ha lanzado el documental “Coordenadas”.

    El reto es simple y enorme: definir la moda española, explicar qué es moda española.

    En la micro-cápsula de hoy de este blog de “Ola moda” vamos a destilar algunas ideas clave vertidas en este propuesta-vídeo denominada «Coordenadas», relacionándolas con numerosas lecturas que hemos realizado entorno al gigante de “ModaEspaña”, la joya de la corona: Zara.

    Adelante.

    De nuevo (yo soy yo y mi circunstancia)debemos comenzar analizando el contexto español: tras la muerte de Franco en 1975 en nuestro país comenzaba a consolidarse una incipiente clase media, que conseguía trabajo en un sector servicios en auge.

    Esta clase social emergente empezaba a tener dinero, pero no demasiado.

    No obstante, al trabajar de cara al público, necesitaba vestir bien, correcto, decente, con estilo pero sin caer en el lujo y en el exceso.

    Fue en este punto de la historia, fundamentalmente en los años 1980, cuando la moda española supo responder a esta nueva ola social de construcción de una «middle-class».

    Numerosas empresas con diferentes propuestas de valor, se lanzaron al mercado a satisfacer esta neo-demanda.

    Y lo hicieron teniendo algo en común: su carácter flexible, camaleónico, adaptativo y lábil.

    La moda española no era nada concreto, no tenía el enorme peso reciente de una historia-moda centenaria como sucedía, por ejemplo, en Francia y en Italia.

    Por ese motivo, supo ofrecer a una también creciente clase media mundial una moda globalizable y universal.

    Y lo hizo, además, aunando una oferta caracterizada por un precio medio y medio bajo pero sin renunciar a la calidad.

    Este fue el secreto de su éxito.

    Nadie se adaptó tanto a la coyuntura mundial, nadie lo hizo mejor..

    Para terminar esta micro-cápsula, analicemos muy brevemente el caso de Zara y observemos como es el perfecto ejemplo de la maniobra estilístico-empresarial justo arriba descrita.

    Zara no te propone que te vistas “de Zara”, te ofrece vestirte “en Zara”.

    El imperio de Inditex te permite vestirte bien y sintonizar con las últimas tendencias, copiando las mejores propuestas de los grandes diseñadores del momento.

    En cierta manera, como ya analizamos en la última micro-cápsula de este blog Ola moda, Zara mató el sistema-moda centrado en el modisto estrella.

    Zara le devolvió el poder a la gente, puso al ciudadano común de nuevo en el centro de la moda planetaria.

    Y lo hizo además añadiendo un elemento clave: su poderío logístico, su gran flexibilidad y adaptabilidad, que le permite renovar las prendas y complementos de sus tiendas cada pocas semanas.

    ¿Alguien da más?

    Toca concluir: hemos demostrado en este sucinto texto que la moda española debe su potencia a una feliz combinación.

    Hemos sabido aunar diseño, precio adecuado y, sobre todo, hemos sido lo suficientemente inteligentes para proponer una moda alegre, dúctil, que ha conectado con mucho éxito con el consumidor medio global.

    Ahora toca seguir reinventándose, este es nuevo reto.

    La moda española es esencialmente lábil y ha sabido conectar con las clases medias globales, alcanzando un éxito mundial

    ¿Te ha gustado el artículo?🌊solo clica y comparte🌊
  • ¿Quién teme a los encapuchados digitales?

    ¿Quién teme a los encapuchados digitales?

    Tiempo de lectura: 4 min.

    Por Antonio Adsuar

    Dr. en filosofía política

    Sudadera con capucha.

    Sudadera con capucha.

    Sudadera con capucha.

    Hace tiempo que podemos observar la proliferación de esta prenda; los profesores de secundaria podemos constatar cada día en las aulas su uso generalizado y persistente.

    “Capuchas everywhere”.

    Aunque la parte principal del binomio es la sudadera, lo sustantivo, lo interesante del tándem, es por supuesto la capucha, por su significado profundo y entidad mística.

    Las sudaderas con capucha se han extendido debido al reinado contemporáneo de una tendencia evidente en la moda actual: el “athleisure”.

    El nacimiento de este nuevo vocablo, fruto de la unión de las palabras “athletic” y “leisure”, nos indica que esta nueva forma de vestir se basa en el uso frecuente, diario y consuetudinario de la ropa deportiva.

    Ya no está mal visto ir en chándal por la vida, los otrora informales vaqueros han quedado como una prenda quasi de “media etiqueta”.

    Avancemos y centrémonos ahora en la capucha.

    Sin duda este complemento vestimentario tuvo su momento de gloria en la Edad Media.

    Esta época obscura, nacida de la anarquía en que cayó el cosmos humano tras la caída de la imperial y juiciosa Roma, se caracterizó por ser una etapa peligrosa, dominada por el miedo.

    En este gris contexto feudal las personas buscaban ocultarse. Los campesinos, temerosos, usaron la capucha con profusión.

    También la frecuentaron los monjes y demás religiosos, que la utilizaron para enfatizar su humildad, su sometimiento a Dios.

    La capucha nos esconde, nos recoge sobre nosotros mismo, nos hace pequeños y anónimos, ya que eludimos mostrar el rostro, ese espejo del alma.

    Estos reflejos psicológico-sociales medievales han sido reinterpretados por nuestra postmodernidad tardía de finales del siglo XX y principios de este sufrido e incierto siglo XXI que nos ha tocado vivir, Trump mediante.

    La capucha hoy nos evoca rebeldía, juventud, protesta y moda urbana.

    Pesemos por ejemplo en la negra capucha que cubre a los miembros del colectivo “anonymus”, uniformados y pertrechados de su inevitable máscara de Guy Fawkes.

    No queremos sin embargo quedarnos únicamente en los síntomas, lo crucial sería tratar de llevar nuestra reflexión más allá.

    Nuestro objetivo en este blog de “Ola moda” es analizar el uso de las prendas de manera más profunda.

    Por lo tanto, debemos preguntarnos: ¿por qué vuelve la capucha ahora, en 2025?

    A nuestro modo de ver, uno de los motivos principales de este retorno, del neo-uso de esta particular indumentaria ocultatoria, es el cansancio digital.

    En la era de las redes sociales, es casi una obligación mostrarse, exponerse a diario.

    Para obtener validación social, para seguir acumulando capital laboral, tengo que exponerme constantemente.

    El yo “no publicado”, “no instagrameado”, “no wasapeado “no existe.

    Digámoslo, de nuevo, con Berkeley: en el siglo XXI ser es ser percibido.

    Evidentemente, toda esta tendencia actual genera su lógica contrareacción.

    Sentimos más que nunca la necesidad de ocultarnos, de guarecernos, de proteger nuestra verdadera personalidad de tanta sobrexposición forzada.

    Esta deriva nos lleva a querer encapucharnos, a estar listos para protegernos y recogernos en cualquier instante.

    La capucha no esconde únicamente mi rostro, preserva mi verdadera identidad, blinda mi yo real y compensa el malestar psíquico que me genera el que la civilización-red me exija presencia constante.

    Hemos convertido la intimidad en un espectáculo, como ya predijo G.Debord.

    Nos vendemos pero en el fondo sabemos que ejecutamos un “performance” parcialmente dañino, moderadamente insincero.

    Por este motivo, aunque llevamos el «smartphone» siempre listo para perpetrar el siguiente “selfie”, nos gusta saber que, después de todo, en nuestra espalda descansa una capucha a la que podemos acudir para anularnos por un instante.

    La actual omnipresencia de la capucha es un síntoma claro del estrés psicológico-digital que sufrimos

    ¿Te ha gustado el artículo?🌊solo clica y comparte🌊
  • ¿Fue Zara quién mató a Worth?

    ¿Fue Zara quién mató a Worth?

    Tiempo de lectura: 4 min.

    Por Antonio Adsuar

    Dr. en filosofía política

    Podríamos situarnos en el muy interesante siglo XVIII. La sociedad estamental sigue vigente, aún no ha estallado la revolución francesa de 1789.

    La realeza es absoluta y la nobleza impera.

    Evidentemente, el refinamiento de estas clases altas, sofisticadas y despóticas, se ve reflejado también en su forma de vestir.

    Todos buscan distinguirse usando las mejores telas y abrazando la última tendencia de la corte.

    Los artesanos que proporcionan la rica indumentaria de los aristócratas se adaptan a lo que demanda la alta sociedad, no se reivindican como autores de sus creaciones, no proponen colecciones, solo sirven a los “happy few” estamentales.

    No obstante en el siglo XIX, mi centuria favorita, todo cambia.

    Sucedió en Francia, claro está, pero el giro decisivo que cambiaría el mundo de la moda vino de la mano de un británico: Charles Frederick Worth(1825-1895).

    La sociedad está evolucionando, los artistas reivindican su voz e irrumpen con personalidad en todos los campos.

    Ya no serán ellos los que se ajustarán a las peticiones de los clientes.

    El creador quiere ser libre, expresarse y expandirse, marcar el camino a las élites.

    El diseñador C.F. Worth

    Worth, un inglés en la Galia, comienza a firmar sus diseños.

    Los clientes deberán acudir a él, desplazarse a su taller, dejarse conducir por sus propuestas.

    El negocio moderno de la moda ha nacido, aparece la alta costura.

    El diseñador, con su ego, su genialidad y su soltura, deviene el rey de la moda por décadas.

    En el siglo XX esta tendencia “diseñador-céntrica” no hará sino consolidarse.

    Talentosas figuras como Coco Chanel, Dior e Yves Saint Laurent, se adueñan de una escena-moda que se organiza entorno a un “start-system”.

    Andando el tiempo, será un empresario español visionario y empecinado el que comience a demoler todo este sistema.

    Amancio Ortega, nacido en 1936, es meticuloso, trabajador y observador. Pasa muchos años de cara al público, como dependiente.

    En los años 1970 y 1980 España está saliendo de la dictadura franquista, una incipiente clase media aparece.

    Los ciudadanos abandonan en campo y las fábricas y comienzan a trabajar de cara al público, en el sector servicios.

    La mujer española se incorpora al mercado laboral y quiere vestir bien sin gastar demasiado dinero.

    En este contexto, Ortega tiene da con una idea genial: ¿por qué no conocer mejor a los clientes y simplemente darles lo que quieren?

    Los orígenes del empresario leonés lo alejan del París de los diseñadores, su circunstancia española lo lleva a fundar Zara en 1975.

    Nuestro emprendedor desplaza al creador divino del centro del universo y vuelve a situar en el corazón de la moda al comprador.

    Ortega, sin duda, irió de muerte al lanzar Inditex al artista Worth.

    El imperio de Arteixo no se dedica a servir a una élite señorial mínima y pudiente, su público objetivo es una clase media a la que ofrece una gran relación calidad-precio.

    La historia, como la moda, es cíclica.

    Así lo demostró Ortega al obrar este muy inteligente giro que cambió, desde España, la moda mundial para siempre.

    Ortega sin duda mató a Worth, el artista se vio derrotado y el cliente volvió al centro de la moda

    ¿Te ha gustado el artículo?🌊solo clica y comparte🌊
  • Moda y aceleración

    Moda y aceleración

    Tiempo de lectura: 4 min.

    Por Antonio Adsuar

    Dr. en filosofía política

    Los directores creativos están quejosos. Los reemplazan sin piedad, las grandes casas no les dan tiempo para consolidar sus propuestas.

    Están sufriendo, esto es evidente, uno de los fenómenos globales que en mayor medida marcan nuestra sociedad actual: la hiper-aceleración.

    Nadie tiene paciencia, la industria-moda quiere resultados inmediatos.

    Excelente texto, clave para alumbrar este post 😉

    Nos apuntamos todos presurosos al último curso sobre intelegencia artificial para tratar de automatizar tareas y volvernos así más productivos.

    Este estado de cosas nos sitúa frente a una gran paradoja: como el capitalismo exige crecimiento constante, todos tenemos que correr el doble simplemente para quedarnos en el mismo sitio.

    Crecer, crecer, crecer, más rápido; hemos de cambiar más aceleradamente para ser más veloces.

    La moda, como dijo G. Simmel, se caracteriza por ser cíclica, por fundamentarse radicalmente en el cambio.

    Por este motivo es nuestro sector el que mejor se adapta a la imperante aceleración social.

    La moda es puro Heráclito, fluye por esencia con determinación.

    Si con Zara llegó la moda “fast”, Shein nos lleva al “ultra fast-fashion”; ¿qué será lo siguente?, ¿viveremos la llegada del paradigma “ultra-mega-fast”?

    Toda esta desaforada deriva nos lleva como seres humanos a la alienación.

    Necesitamos tener una relación más lenta y más sana con nuestra ropa, con nuestro autoimagen, con nuestro “yo proyectado”.

    Si tratamos de seguir las ocho microtendencias mensuales pasaremos de un estilo al otro sin llegar a tener ninguno.

    El constante cambio por el cambio nos lleva a la nada.

    La industria nos acelera y se beneficia de ello.

    Pero no culpemos a la moda de manera demasiado severa, solo es la punta de lanza de un sistema súper-productivo, basado en la búsqueda del máximo beneficio.

    La indumentaria emociona, nos da vida, nos permite expresarnos.

    La industria de la moda nos aporta cultura, arte, deleite estético y es fundamental económica y socialmente.

    No obstante, desde este blog de “Ola moda” sí queremos proponer un nuevo equilibrio.

    La excelencia empresarial, el milagro logístico y todas las hazañas de este industria tan genial han de ser puestas al servicio de una moda más sensata.

    Comprar menos nos hará más libres.

    El planeta tierra debe dejar de sufrir las consecuencias de nuestro híper-consumismo.

    Todos nos beneficiaremos de una moda más pausada, que apueste por un crecimiento más moderado y sostenible y siga otorgando valor a un consumidor que podrá seguir disfrutando de aquello que hacemos posible: que sienta el placer de vestir.

    La moda es puro Heráclito: ¿nos lleva el cambio por el cambio a la nada?

    ¿Te ha gustado el artículo?🌊solo clica y comparte🌊
  • Vestirse es transformarse

    Vestirse es transformarse

    Tiempo de lectura: 3 min.

    Por Antonio Adsuar

    Dr. en filosofía política

    ¿Por qué nos vestimos?

    Frecuentemente no nos planteamos esta pregunta. 

    Nos parece algo tan obvio que responderíamos sin pensar, mirando perplejos a aquel que nos lanzó esta cuestión, que nos vestimos para no pasar frío y para no ir desnudos, práctica lógicamente no aceptada en sociedad.

    Sin embargo, como ya demostró el psicólogo británico J.Flügel en su célebre ensayo «Psicología del vestido», las motivaciones individuales y grupales que nos llevan a cubrir y adornar nuestro cuerpo son todo menos evidentes.

    En la zona de Elche-Alicante donde vivo se están celebrando muchas fiestas en estas semanas.

    Las diferentes peñas y comparsas eligen un disfraz común para los llamados «desfiles de humor».

    Seguramente no han reflexionado sobre esta práctica, ellos solo quieren pasarlo bien.

    No obstante, mi mirada sociológica-antropológica percibe matices, busca porqués.

    Apuntemos algunas ideas: las fiestas constituyen momentos sociales de excepción.

    Como en los carnavales, nos disfrazamos para ser otros, para divergernos, para explorar otros «yo».

    Al vestirme diferente, me siento diferente y, de alguna forma, paso a ser diferente.

    Al mismo tiempo, el hecho de enmascararme en grupo, de caracterizarme colectivamente, de fingir con los otros, nos une, nos hace ser uno.

    Podemos comprobar a partir de estas cavilaciones cómo la respuesta a la pregunta «¿por qué nos vestimos?» se nos muestra más compleja de lo que aparentaba ser en primer momento.

    La fiestas nos han permitido pensar el vestir, pensar la indumentaria, desde un punto de vista más psicológico y sociológico.

    ¿Podríamos, a partir de este ejemplo simple festivo y evidente, comprender que cada mañana antes de ir a la oficina también nos vestimos para transformar nuestro ego, para desempeñar un rol y para pertenecer a un grupo?

    El acto de vestir nos transforma, nos diverge y nos une a un grupo

    ¿Te ha gustado el artículo?🌊solo clica y comparte🌊
  • Más moda, más cultura

    Más moda, más cultura

    Tiempo de lectura: 3 min.

    Por Antonio Adsuar

    Dr. en filosofía política

    Hace poco que me he aproximado al mundo de la moda y, con agradable sorpresa de licenciado en filosofía, he descubierto que en este universo-industria se habla mucho de cultura.

    Se ponen en valor desde el cosmos-moda narrativas con significado y se asevera que objetos como el bolso Birkin de Hermès son verdaderos “iconos culturales”.

    Las marcas aspiran a tener una influencia cultural real, a marcar generaciones, a crear sociologías y épocas.

    La moda, tan frecuentemente señalada como frívola, cuestiona su carácter superficial, banal, sustancialmente poco profundo, poniendo en juego estas apuesta-cultura.

    El sector de la moda en su conjunto, que en España y en el mundo tiene una importancia económica indudable, se quiere reivindicar como industria cultural.

    Desde este blog de “Ola moda”, apenas recién nacido, nos queremos sumar a esta iniciativa y apoyar esta causa.

    No obstante, en mis habituales paseos por linkedIn en casi todas las ocasiones en las que se habla de la moda como cultura, se están analizando únicamente estrategias de “branding”.

    Aunque la nuestra sea una sociedad muy marcadamente centrada en el consumo, la cultura debe ser algo más que un argumento sofisticado al servicio de la venta.

    Si como sector-moda queremos que nuestra defensa de la moda como cultura sea creíble hemos de ir más allá.

    Como dijo el maestro Z.Bauman, gran sociólogo e investigador, la ética debe tener cabida en un mundo de consumidores.

    La moda tiene que aportar valores a la sociedad y debe consolidarse como una expresión humana no únicamente centrada en la generación de negocio.

    ¿Pensamos juntos fórmulas que conviertan a la moda más definitiva y certeramente en cultura?

    La moda cuestiona su supuesta superficialidad y se reivindica como cultura

    ¿Te ha gustado el artículo?🌊solo clica y comparte🌊