
Sudadera con capucha.
Sudadera con capucha.
Sudadera con capucha.
Hace tiempo que podemos observar la proliferación de esta prenda; los profesores de secundaria podemos constatar cada día en las aulas su uso generalizado y persistente.
“Capuchas everywhere”.
Aunque la parte principal del binomio es la sudadera, lo sustantivo, lo interesante del tándem, es por supuesto la capucha, por su significado profundo y entidad mística.

Las sudaderas con capucha se han extendido debido al reinado contemporáneo de una tendencia evidente en la moda actual: el “athleisure”.
El nacimiento de este nuevo vocablo, fruto de la unión de las palabras “athletic” y “leisure”, nos indica que esta nueva forma de vestir se basa en el uso frecuente, diario y consuetudinario de la ropa deportiva.
Ya no está mal visto ir en chándal por la vida, los otrora informales vaqueros han quedado como una prenda quasi de “media etiqueta”.
Avancemos y centrémonos ahora en la capucha.
Sin duda este complemento vestimentario tuvo su momento de gloria en la Edad Media.

Esta época obscura, nacida de la anarquía en que cayó el cosmos humano tras la caída de la imperial y juiciosa Roma, se caracterizó por ser una etapa peligrosa, dominada por el miedo.
En este gris contexto feudal las personas buscaban ocultarse. Los campesinos, temerosos, usaron la capucha con profusión.
También la frecuentaron los monjes y demás religiosos, que la utilizaron para enfatizar su humildad, su sometimiento a Dios.
La capucha nos esconde, nos recoge sobre nosotros mismo, nos hace pequeños y anónimos, ya que eludimos mostrar el rostro, ese espejo del alma.
Estos reflejos psicológico-sociales medievales han sido reinterpretados por nuestra postmodernidad tardía de finales del siglo XX y principios de este sufrido e incierto siglo XXI que nos ha tocado vivir, Trump mediante.

La capucha hoy nos evoca rebeldía, juventud, protesta y moda urbana.
Pesemos por ejemplo en la negra capucha que cubre a los miembros del colectivo “anonymus”, uniformados y pertrechados de su inevitable máscara de Guy Fawkes.
No queremos sin embargo quedarnos únicamente en los síntomas, lo crucial sería tratar de llevar nuestra reflexión más allá.
Nuestro objetivo en este blog de “Ola moda” es analizar el uso de las prendas de manera más profunda.

Por lo tanto, debemos preguntarnos: ¿por qué vuelve la capucha ahora, en 2025?
A nuestro modo de ver, uno de los motivos principales de este retorno, del neo-uso de esta particular indumentaria ocultatoria, es el cansancio digital.
En la era de las redes sociales, es casi una obligación mostrarse, exponerse a diario.
Para obtener validación social, para seguir acumulando capital laboral, tengo que exponerme constantemente.

El yo “no publicado”, “no instagrameado”, “no wasapeado “no existe.
Digámoslo, de nuevo, con Berkeley: en el siglo XXI ser es ser percibido.
Evidentemente, toda esta tendencia actual genera su lógica contrareacción.
Sentimos más que nunca la necesidad de ocultarnos, de guarecernos, de proteger nuestra verdadera personalidad de tanta sobrexposición forzada.
Esta deriva nos lleva a querer encapucharnos, a estar listos para protegernos y recogernos en cualquier instante.

La capucha no esconde únicamente mi rostro, preserva mi verdadera identidad, blinda mi yo real y compensa el malestar psíquico que me genera el que la civilización-red me exija presencia constante.
Hemos convertido la intimidad en un espectáculo, como ya predijo G.Debord.
Nos vendemos pero en el fondo sabemos que ejecutamos un “performance” parcialmente dañino, moderadamente insincero.
Por este motivo, aunque llevamos el «smartphone» siempre listo para perpetrar el siguiente “selfie”, nos gusta saber que, después de todo, en nuestra espalda descansa una capucha a la que podemos acudir para anularnos por un instante.
La actual omnipresencia de la capucha es un síntoma claro del estrés psicológico-digital que sufrimos
Acabas de leer una micro-cápsula de Antonio Adsuar
Dr. en Filosofía y fundador de PensarlaModa.com
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