Categoría: Filosofía de la moda

  • La moda reencantada

    La moda reencantada

    Tiempo de lectura: 2 min.

    Por Antonio Adsuar

    Dr. en filosofía política

    Un día fue amaneciendo el mundo y la magia se había ido.

    ¿Cómo pudo suceder? El proceso fue descrito con notable éxito por un sociólogo clásico, Max Weber.

    Este pensador alemán, que divulgó sus ideas fundamentalmente en la segunda mitad del siglo XIX, nos explicó cómo a partir de la ilustración (que surgió en el siglo XVIII) la gente dejó de dar sentido al mundo a través de los dioses, del destino y de lo inexplicable.

    La ciencia dio el poder a lo racional y Dios murió tras escuchar el grito de Nietzche. Todo se volvió frío y la naturaleza fue comprendida a partir de leyes universales inmutables.

    No obstante, como sabemos, no es posible ni divertido reducir lo real a lo racional.

    Las ideas frías ilustradas pronto generaron un contraataque, conocido como romanticismo.

    Gracias a este movimiento, lo salvaje, lo irracional, lo pulsional, fue liberado de nuevo.

    El hombre se resistió a vivir aherrojado por el corsé de lo puramente lógico.

    Y, a partir de este impulso neo-emotivo, el mundo se reencantó y la moda volvió a cobrar sentido.

    Lo irracional es bello, la moda es puro deseo, total fantasía.

    Las ganas de vivir siempre luchan contra la muerte y nuestras prendas y accesorios impulsan nuestros sueños hacia el infinito.

    Nunca debemos olvidar que si producimos moda no estamos vendiendo ropa, estamos activando anhelos.

    Apreciemos todo lo bueno que la razón y la ciencia nos traen, pero nunca dejemos de desear intensamente. En la moda encontraremos la mejor aliada para imaginar nuestro mejor porvenir.

    Con el reencantamiento del mundo, lo mágico renació y la moda volvió al centro de la vida

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  • Meditación de lo efímero

    Meditación de lo efímero

    Tiempo de lectura: 3 min.

    Por Antonio Adsuar

    Dr. en filosofía política

    Hubo tiempos, la mayoría de los tiempos, en los que lo permanente, lo sólido y lo tradicional gozaban de gran prestigio.

    Las sociedades veneraban la repetición y lo inmutable.

    Los rituales, los objetos y las costumbres pasaban de generación en generación.

    Todos odiaban toda novedad.

    Sin embargo, en la Europa de finales del siglo XVIII, la revolución francesa de 1789 trastocó el universo de los hombres.

    Nació un mundo diferente, que puso en su centro el valor positivo del cambio.

    Nos dijo Gilles Lipovestky no hace mucho que la seducción de la moda es la seducción de lo efímero.

    Lo fugaz es bello, precipitarse hacia la nueva tendencia nos permite vivir mil aventuras.

    La industria de la moda abrazó esta aceleración futurista y produjo una explosión atómica de colores y formas pasajeras.

    La moda se volvió híper-temporal y fue imposible seguirle el ritmo a tanta colección cápsula. Por las venas nerviosas de internet fluían cientos de “micro-trends” y el fashion pasó de “fast” a “ultra fast”.

    ¿Somos conscientes de las implicaciones profundas de tanta histeria?, ¿Cuáles son las consecuencias positivas y negativas de esta vida pasajera y excitante?

    La seducción de la moda es la seducción de lo efímero

    La producción y el consumo se vuelven vertiginosos y los compradores acuden felices a su cita semanal, quasi diaria, con las propuestas-moda.

    No obstante, otras alternativas más lentas y conscientes aparecen, retando a lo nuevo-momentáneo. ¿Tienen futuro?

    Sabemos que en nuestra modernidad líquida, nos lo enseñó el sociólogo Z.Bauman, todo convivirá con todo, pero hemos de tener algo siempre presente: para pensar la moda debemos meditar sobre lo efímero y tratar de captar la instantánea fugacidad que caracteriza nuestra vida hoy.

    ¿Aceleramos o frenamos?

    Si la esencia de la moda es lo nuevo-efímero, ¿es posible alumbrar una «moda lenta»?

    Acabas de leer una micro-cápsula de Antonio Adsuar

    Dr. en Filosofía y fundador de pensarlamoda.com

    Blog Ola moda

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  • La prenda: ¿sueño o realidad?

    La prenda: ¿sueño o realidad?

    Tiempo de lectura: 3 min.

    Por Antonio Adsuar

    Dr. en filosofía política

    ¿Qué es la moda?, ¿qué significado tienen las prendas y los accesorios para aquellos que las adquieren y lucen o para los que sueñan por largo tiempo con poseer objetos-moda por mucho tiempo deseados?

    En occidente tenemos la manía de comenzar todo con una definición precisa. No obstante, quiero lanzar en este caso una interpretación algo difusa y por ello, creo, más interesante.

    Una pieza de ropa o un adorno fundamental que corona un atuendo es una frontera.

    ¿Cómo?, ¿una frontera? Me explico.

    Por una parte, nuestro cuerpo representa el principio de realidad de Freud que con sus defectos, en muchas ocasiones incorregibles, nos limita.

    Por otra parte, tenemos la idea platónica, la proyección ideal, esa mejor versión de mí mismo a la que aspiro.

    Mi imaginación trata de transportarme hacia un mundo en el que el principio del placer me permite vivir sin restricciones, viajar a mi universo soñado.

    Ser solo, únicamente y siempre yo.

    La prenda que compro no es más que una proyección ideal materializada, hecha de tejidos reales, existentes y tangibles, que me permite hacer realidad (parcialmente)mis deseos más profundos.

    La prenda es una frontera

    Al comprar ropa y exhibirla, cambio la forma en que me auto-percibo y de esta forma me transmuto verdaderamente, soy otro.

    También doy una imagen a los demás, que me ven diferente y, en un juego de espejos, me devuelven un reflejo que también me re-genera, me re-crea.

    Concluyamos: este carácter fronterizo, esta función mediadora entre el yo y el mundo, entre la realidad material e ideal, le otorga a la ropa y a la industria de la moda un rol primordial en la sociedades contemporáneas.

    Vendemos, en definitiva, sueños hechos realidad.

    Nuestros atuendos materializan ideales y sueños, nos aproximan a nuestro mejor mundo perfecto

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