Categoría: Blog ola moda

  • El chándal de Maduro y la estética imperial

    El chándal de Maduro y la estética imperial

    Tiempo de lectura: 3 min.

    Por Antonio Adsuar

    Dr. en filosofía política

    En la era del espectáculo, de la comunicación-meme y de la redes sociales, el poder debe cuidar enormemente las imágenes.

    Nicolás Maduro, el presidente Venezolano, acaba de ser capturado hace apenas días por EEUU.

    El globo al completo solo esperaba un cosa: la foto.

    Por supuesto, en una civilización superficial e hiperacelerada, una imagen, esa imagen precisamente, valía más que mil palabras.

    ¿Cómo eligió la administración de Estados Unidos servirnos al reo en nuestras pantallas?.

    En primer lugar, tengamos en cuenta el objetivo: debían mostrar a un ex-presidente caído, desprovisto de toda autoridad.

    Cuando somos niños, cuando no mandamos ni sobre nosotros mismos, nos visten.

    EEUU, con Maduro bajo su dominio y sin voluntad, se había ganado el derecho a vestir, cual infante inofensivo, al otrora dictador.

    Caer, irse del poder, es hoy sobre todo perder el control sobre la propia imagen.

    ¿Qué prenda eligió Trump para su trofeo?: evidentemente escogió un chándal.

    Nadie toma en serio a un señor con un chándal gris.

    Enfundándolo en esta prenda deportiva, el imperio americano privó a Maduro del más mínimo atisbo de liderazgo.

    Pero, un momento: ¿se obligó al preso a salir en la foto ataviado con ropa deportiva de cualquier marca?

    Evidentemente no fue así.

    Los americanos expusieron a Nicolás Maduro al mundo cubierto con una pieza de la marca Nike.

    Nike. Cómo no.

    Nike es la marca deportiva líder en el mundo y representa el poder universal de Norteamérica.

    Además, el nombre de esta firma viene del griego “Νίκη”, que significa victoria.

    Trump, al vestir con un chándal de Nike a Maduro, está dando un mensaje al mundo: hemos ganado y hemos impuesto al dictador Venezolano nuestra impronta.

    Ahora es nuestro, es como un niño, nosotros lo vestimos de nuestra marca insignia, que representa nuestra hegemonía planetaria, nuestra primacía mundial.

    La imagen que todos estábamos esperando, pese a su apariencia descuidada, comunica a la perfección el mensaje político que Trump ha deseado transmitir.

    La “operación Maduro” ha brindado al mundo un ejemplo fascinante del uso de la indumentaria y la estética al servicio del poder.

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  • Moda España=Moda global

    Moda España=Moda global

    Tiempo de lectura: 3 min.

    Por Antonio Adsuar

    De los griegos parte todo.

    Y de Grecia nos vino una idea clave, una estrategia para estar en el mundo: para comprender algo lo primero que hay que hacer es definirlo.

    Este es el objetivo que se han fijado los profesionales del periódico digital sobre moda referencia en España, modaes.com.

    Capitaneados por la excelente Pilar Riaño, este poliédrico equipo ha lanzado el documental “Coordenadas”.

    El reto es simple y enorme: definir la moda española, explicar qué es moda española.

    En la micro-cápsula de hoy de este blog de “Ola moda” vamos a destilar algunas ideas clave vertidas en este propuesta-vídeo denominada «Coordenadas», relacionándolas con numerosas lecturas que hemos realizado entorno al gigante de “ModaEspaña”, la joya de la corona: Zara.

    Adelante.

    De nuevo (yo soy yo y mi circunstancia)debemos comenzar analizando el contexto español: tras la muerte de Franco en 1975 en nuestro país comenzaba a consolidarse una incipiente clase media, que conseguía trabajo en un sector servicios en auge.

    Esta clase social emergente empezaba a tener dinero, pero no demasiado.

    No obstante, al trabajar de cara al público, necesitaba vestir bien, correcto, decente, con estilo pero sin caer en el lujo y en el exceso.

    Fue en este punto de la historia, fundamentalmente en los años 1980, cuando la moda española supo responder a esta nueva ola social de construcción de una «middle-class».

    Numerosas empresas con diferentes propuestas de valor, se lanzaron al mercado a satisfacer esta neo-demanda.

    Y lo hicieron teniendo algo en común: su carácter flexible, camaleónico, adaptativo y lábil.

    La moda española no era nada concreto, no tenía el enorme peso reciente de una historia-moda centenaria como sucedía, por ejemplo, en Francia y en Italia.

    Por ese motivo, supo ofrecer a una también creciente clase media mundial una moda globalizable y universal.

    Y lo hizo, además, aunando una oferta caracterizada por un precio medio y medio bajo pero sin renunciar a la calidad.

    Este fue el secreto de su éxito.

    Nadie se adaptó tanto a la coyuntura mundial, nadie lo hizo mejor..

    Para terminar esta micro-cápsula, analicemos muy brevemente el caso de Zara y observemos como es el perfecto ejemplo de la maniobra estilístico-empresarial justo arriba descrita.

    Zara no te propone que te vistas “de Zara”, te ofrece vestirte “en Zara”.

    El imperio de Inditex te permite vestirte bien y sintonizar con las últimas tendencias, copiando las mejores propuestas de los grandes diseñadores del momento.

    En cierta manera, como ya analizamos en la última micro-cápsula de este blog Ola moda, Zara mató el sistema-moda centrado en el modisto estrella.

    Zara le devolvió el poder a la gente, puso al ciudadano común de nuevo en el centro de la moda planetaria.

    Y lo hizo además añadiendo un elemento clave: su poderío logístico, su gran flexibilidad y adaptabilidad, que le permite renovar las prendas y complementos de sus tiendas cada pocas semanas.

    ¿Alguien da más?

    Toca concluir: hemos demostrado en este sucinto texto que la moda española debe su potencia a una feliz combinación.

    Hemos sabido aunar diseño, precio adecuado y, sobre todo, hemos sido lo suficientemente inteligentes para proponer una moda alegre, dúctil, que ha conectado con mucho éxito con el consumidor medio global.

    Ahora toca seguir reinventándose, este es nuevo reto.

    La moda española es esencialmente lábil y ha sabido conectar con las clases medias globales, alcanzando un éxito mundial

    Acabas de leer una micro-cápsula de Antonio Adsuar

    Dr. en Filosofía y fundador de PensarlaModa.com

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  • ¿Quién teme a los encapuchados digitales?

    ¿Quién teme a los encapuchados digitales?

    Tiempo de lectura: 4 min.

    Sudadera con capucha.

    Sudadera con capucha.

    Sudadera con capucha.

    Hace tiempo que podemos observar la proliferación de esta prenda; los profesores de secundaria podemos constatar cada día en las aulas su uso generalizado y persistente.

    “Capuchas everywhere”.

    Aunque la parte principal del binomio es la sudadera, lo sustantivo, lo interesante del tándem, es por supuesto la capucha, por su significado profundo y entidad mística.

    Las sudaderas con capucha se han extendido debido al reinado contemporáneo de una tendencia evidente en la moda actual: el “athleisure”.

    El nacimiento de este nuevo vocablo, fruto de la unión de las palabras “athletic” y “leisure”, nos indica que esta nueva forma de vestir se basa en el uso frecuente, diario y consuetudinario de la ropa deportiva.

    Ya no está mal visto ir en chándal por la vida, los otrora informales vaqueros han quedado como una prenda quasi de “media etiqueta”.

    Avancemos y centrémonos ahora en la capucha.

    Sin duda este complemento vestimentario tuvo su momento de gloria en la Edad Media.

    Esta época obscura, nacida de la anarquía en que cayó el cosmos humano tras la caída de la imperial y juiciosa Roma, se caracterizó por ser una etapa peligrosa, dominada por el miedo.

    En este gris contexto feudal las personas buscaban ocultarse. Los campesinos, temerosos, usaron la capucha con profusión.

    También la frecuentaron los monjes y demás religiosos, que la utilizaron para enfatizar su humildad, su sometimiento a Dios.

    La capucha nos esconde, nos recoge sobre nosotros mismo, nos hace pequeños y anónimos, ya que eludimos mostrar el rostro, ese espejo del alma.

    Estos reflejos psicológico-sociales medievales han sido reinterpretados por nuestra postmodernidad tardía de finales del siglo XX y principios de este sufrido e incierto siglo XXI que nos ha tocado vivir, Trump mediante.

    La capucha hoy nos evoca rebeldía, juventud, protesta y moda urbana.

    Pesemos por ejemplo en la negra capucha que cubre a los miembros del colectivo “anonymus”, uniformados y pertrechados de su inevitable máscara de Guy Fawkes.

    No queremos sin embargo quedarnos únicamente en los síntomas, lo crucial sería tratar de llevar nuestra reflexión más allá.

    Nuestro objetivo en este blog de “Ola moda” es analizar el uso de las prendas de manera más profunda.

    Por lo tanto, debemos preguntarnos: ¿por qué vuelve la capucha ahora, en 2025?

    A nuestro modo de ver, uno de los motivos principales de este retorno, del neo-uso de esta particular indumentaria ocultatoria, es el cansancio digital.

    En la era de las redes sociales, es casi una obligación mostrarse, exponerse a diario.

    Para obtener validación social, para seguir acumulando capital laboral, tengo que exponerme constantemente.

    El yo “no publicado”, “no instagrameado”, “no wasapeado “no existe.

    Digámoslo, de nuevo, con Berkeley: en el siglo XXI ser es ser percibido.

    Evidentemente, toda esta tendencia actual genera su lógica contrareacción.

    Sentimos más que nunca la necesidad de ocultarnos, de guarecernos, de proteger nuestra verdadera personalidad de tanta sobrexposición forzada.

    Esta deriva nos lleva a querer encapucharnos, a estar listos para protegernos y recogernos en cualquier instante.

    La capucha no esconde únicamente mi rostro, preserva mi verdadera identidad, blinda mi yo real y compensa el malestar psíquico que me genera el que la civilización-red me exija presencia constante.

    Hemos convertido la intimidad en un espectáculo, como ya predijo G.Debord.

    Nos vendemos pero en el fondo sabemos que ejecutamos un “performance” parcialmente dañino, moderadamente insincero.

    Por este motivo, aunque llevamos el «smartphone» siempre listo para perpetrar el siguiente “selfie”, nos gusta saber que, después de todo, en nuestra espalda descansa una capucha a la que podemos acudir para anularnos por un instante.

    La actual omnipresencia de la capucha es un síntoma claro del estrés psicológico-digital que sufrimos

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    Dr. en Filosofía y fundador de PensarlaModa.com

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  • ¿Fue Zara quién mató a Worth?

    ¿Fue Zara quién mató a Worth?

    Tiempo de lectura: 4 min.

    Podríamos situarnos en el muy interesante siglo XVIII. La sociedad estamental sigue vigente, aún no ha estallado la revolución francesa de 1789.

    La realeza es absoluta y la nobleza impera.

    Evidentemente, el refinamiento de estas clases altas, sofisticadas y despóticas, se ve reflejado también en su forma de vestir.

    Todos buscan distinguirse usando las mejores telas y abrazando la última tendencia de la corte.

    Los artesanos que proporcionan la rica indumentaria de los aristócratas se adaptan a lo que demanda la alta sociedad, no se reivindican como autores de sus creaciones, no proponen colecciones, solo sirven a los “happy few” estamentales.

    No obstante en el siglo XIX, mi centuria favorita, todo cambia.

    Sucedió en Francia, claro está, pero el giro decisivo que cambiaría el mundo de la moda vino de la mano de un británico: Charles Frederick Worth(1825-1895).

    La sociedad está evolucionando, los artistas reivindican su voz e irrumpen con personalidad en todos los campos.

    Ya no serán ellos los que se ajustarán a las peticiones de los clientes.

    El creador quiere ser libre, expresarse y expandirse, marcar el camino a las élites.

    El diseñador C.F. Worth

    Worth, un inglés en la Galia, comienza a firmar sus diseños.

    Los clientes deberán acudir a él, desplazarse a su taller, dejarse conducir por sus propuestas.

    El negocio moderno de la moda ha nacido, aparece la alta costura.

    El diseñador, con su ego, su genialidad y su soltura, deviene el rey de la moda por décadas.

    En el siglo XX esta tendencia “diseñador-céntrica” no hará sino consolidarse.

    Talentosas figuras como Coco Chanel, Dior e Yves Saint Laurent, se adueñan de una escena-moda que se organiza entorno a un “start-system”.

    Andando el tiempo, será un empresario español visionario y empecinado el que comience a demoler todo este sistema.

    Amancio Ortega, nacido en 1936, es meticuloso, trabajador y observador. Pasa muchos años de cara al público, como dependiente.

    En los años 1970 y 1980 España está saliendo de la dictadura franquista, una incipiente clase media aparece.

    Los ciudadanos abandonan en campo y las fábricas y comienzan a trabajar de cara al público, en el sector servicios.

    La mujer española se incorpora al mercado laboral y quiere vestir bien sin gastar demasiado dinero.

    En este contexto, Ortega tiene da con una idea genial: ¿por qué no conocer mejor a los clientes y simplemente darles lo que quieren?

    Los orígenes del empresario leonés lo alejan del París de los diseñadores, su circunstancia española lo lleva a fundar Zara en 1975.

    Nuestro emprendedor desplaza al creador divino del centro del universo y vuelve a situar en el corazón de la moda al comprador.

    Ortega, sin duda, irió de muerte al lanzar Inditex al artista Worth.

    El imperio de Arteixo no se dedica a servir a una élite señorial mínima y pudiente, su público objetivo es una clase media a la que ofrece una gran relación calidad-precio.

    La historia, como la moda, es cíclica.

    Así lo demostró Ortega al obrar este muy inteligente giro que cambió, desde España, la moda mundial para siempre.

    Ortega sin duda mató a Worth, el artista se vio derrotado y el cliente volvió al centro de la moda

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  • La moda, el arte y lo sublime

    La moda, el arte y lo sublime

    Tiempo de lectura: 4 min.

    ¿Es la moda arte?, muchos han debatido sobre esta cuestión.

    La respuesta es, desde luego,.

    La moda es muchas cosas, es industria, es diseño, es arquitectura, es comercio, es negocio, es una musa caprichosa que es todo lo que quiera ser.

    Releyendo estos días “La estetización del mundo” de G. Lipovetsky y su cómplice J.Serroy, medito sobre las relaciones arte-moda-consumo en nuestra sociedad postmoderna.

    A finales del siglo XIX y principios del XX, todo el mundo sentía que Nietzche había matado a Dios.

    Muchos no lo querían creer, pero las energías religiosas del ser humano buscaban fuera de los credos tradicionales una forma de manifestarse.

    Fue entonces cuando el arte se erigió en alternativa mágica, acudió en busca del hombre para darle un nuevo sentido a la vida.

    Los más diversos objetos pasaron a cobrar significados trascendentales y las más bellas prendas se vieron imbuidas de un espíritu total.

    Toda la nueva belleza y el sentido de estas propuestas se basaban en una apuesta decidida por la centralidad de la estética.

    Andando el tiempo, este nuevo cosmos se vio potenciado, se expandió gracias al crecimiento económico.

    En este contexto, en los años cincuenta del siglo XX, un fenómeno arranca en los Estados Unidos: la sociedad de consumo de masas deviene una realidad tangible.

    Los publicistas utilizan con destreza el diseño y el arte para legitimar sus marcas, para construir narrativas que den significado y valor a sus productos.

    La moda, por supuesto, se sitúan a la vanguardia de este movimiento.

    La alta costura va perdiendo sentido, pero el carisma de los diseñadores se transfiere a un prêt-à-porter que seduce a la clase media.

    Este nuevo paradigma artístico-publicitario comienza a ganar, de la mano de la aparición de la televisión, unos interesantes aliados: aparecen el espectáculo al servicio de la venta y la teatralización de los espacios de consumo.

    Las prendas y complementos se insertan en arquitecturas majestuosas, que potencian su aura.

    Recuerdo un Zara al que solía ir en Elche. Estaba, literalmente, en un antiguo teatro.

    Allí, sobre el escenario, lucía en su rol protagonista, una gabardina.

    La propuesta de valor era diáfana: tú puedes ser el artista, el actor excelso, el “main-character” de tu propia vida.

    Solo necesitas la autoridad que te va a conferir ese «blazer» irresistible, que te trasmitirá el carisma que su diseño y su pulcritud estética le otorgan, potenciando por el poder performático del espacio de venta en el que se sitúa, magistralmente iluminado.

    ¿Qué ser humano podría resistirse a esta promesa, quién no querría transmutarse en Dios por un instante, simplemente enfundándose en estos bellos objetos sobrenaturales, estas prendas estetizadas que nos permiten abrazar lo sublime?

    El arte se apropia del poder de lo sagrado y los objetos-moda devienen fetiches que nos transmiten carisma y nos convierten en dioses

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  • Moda, pasado, tiempo

    Moda, pasado, tiempo

    Tiempo de lectura: 4 min.

    La psicología, qué campo más apasionante.

    Nadie pondría en duda su relevancia en la sociedades contemporáneas, todos somos extremadamente conscientes de su importancia.

    Sin embargo, pocos son los que se han aventurado a relacionar moda y psicología, indumentaria y análisis de las psiques individuales y grupales.

    Desde que el británico J.C. Flügel nos alertó de la estrecha vinculación de estos dos cosmos, el panorama ha cambiado.

    Muchos más ciudadanos formados comprenden un hecho evidente: el acto de vestirnos nos define, cambia nuestra autopercepción a través de lo que pensamos que los demás piensan de nosotros al portar determinadas piezas de ropa.

    Algo hemos avanzado.

    No obstante, desde este blog de Ola moda nuestro objetivo es ir más allá, transcender este primer nivel de complejidad.

    “In that mood”, hoy hemos venido a hablaros del pasado, de cómo la moda, a través de sus prendas, nos puede sumergir en épocas de antaño.

    Los diversos atuendos, este es nuestro punto hoy, pueden devenir auténticas máquinas del tiempo.

    La indumentaria nos ayuda a hacer realidad uno de los más profundos anhelos humanos: viajar a instantes pretéritos, desafiando las leyes espacio/temporales.

    Como dijo Einstein, todo es relativo.

    Me visto como en el pasado y me transmuto, me alejo de mi hoy.

    Tejidos olvidados, estampados ancestrales y tipos de prendas carpetovetónicos, me llevan a un más allá lejano.

    ¿Cómo me siento en ese momento?: clásico, antiguo, elegante, diferente en definitiva.

    Este mecanismo/viaje lo utiliza la industria de la moda constantemente: los 2000 siempre están aquí presentes, los sesenta nunca se fueron, los ochenta son tan anteriores como contemporáneos.

    La moda es totalmente “everything, everywhere, all at once”.

    Existen muchos otros usos sociales que hacen de la ropa una verdadera “máquina del tiempo”: fiestas de disfraces egipcios, mercados medievales, recreaciones romanas.

    Me visto diferente y me convierto en pasado.

    Mi psicología se activa, viajamos siglos atrás empujados por la fuerza que el grupo da a este “sueño colectivo” a través del uso de prendas vetustas.

    Es tiempo de concluir esta micro-cápsula.

    La moda nos muestra de nuevo su poder como vector de transformación psicológica.

    A su vez, ha quedado manifiestamente clara su capacidad de alterar el tiempo social, de permitir a los hombres jugar acercándose a lo trascendente y posibilitando incluso ¡los viajes al pasado!

    La moda nos muestra, una vez más, su radical complejidad, su poder inconmensurable.

    Si no me creéis y pensáis que exagero, simplemente poneos el sombrero del abuelo.

    ¿Sois ahora los mismos en el espejo?

    La moda nos teletransporta, a través del uso de prendas ancianas, a los pasados más remotos

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  • Los vaqueros de Heráclito

    Los vaqueros de Heráclito

    Tiempo de lectura: 3 min.

    Es el cosmos-moda un universo complejo, que alumbra lo inesperado y genera paradojas.

    Con casi toda seguridad el célebre filósofo Heráclito de Éfeso (nacido en el lejano 535 a.C.), de haber podido, hubiera llevado vaqueros.

    El sabio heleno dejó para la posteridad una máxima universal y certera: todo fluye.

    Y, desde luego, los vaqueros son sin duda la prenda más fluida, versátil, adaptable y camaleónica que existe.

    Pero, ¿cómo nacieron los “jeans”? Veamos.

    Heráclito aseveró grave: «No es posible bañarse dos veces en el mismo río»

    En los incipientes Estados Unidos del siglo XIX, los rudos «cowboys» buscaban prendas de trabajo en extremo resistentes.

    Alrededor de 1873, Levi Strauss encontró una forma de satisfacer sus utilitarias demandas.

    Este empresario comenzó a fabricar unos funcionales y quasi irrompibles pantalones de lona, una tela fuerte que se usaba hasta ese momento para dar forma a velas o tiendas de campaña.

    ¿Quién iba a augurar en aquellos remotos momentos que esta severa y compacta pieza vestimentaria iba a acabar deviniendo la más estilosa, universal y multifacética de nuestro tiempo?

    Los vaqueros muestran de manera diáfana el carácter mutable, sincrético y mágico de la moda.

    Las tendencias son imprevisibles y la moda, musa insondable, ha transmutado a los vaqueros, generando mil y una variaciones del mismo tema.

    Los «jeans» viven en infinitos cortes (de los consabidos «slim» o «regular», a los insospechados modelos “boyfriend” o “carpenter), innumerables tiros e incontables acabados(desgastados, “patchwork” y muchos más).

    Es imposible abarcar el universo vaquero, aunque Heráclito habría seguramente elegido uno flexible y enigmático.

    La moda fluye laberíntica y no se deja atrapar, haciendo del cambio y la mutación infinita su esencia más vitalista.

    Los vaqueros, en definitiva, nos recuerdan cuán compleja es la naturaleza de la moda y cómo de impredecibles son sus insondables caminos.

    La «paradoja vaquera» nos muestra un vez más el carácter contradictorio e inaprensible de la moda.

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  • Moda y aceleración

    Moda y aceleración

    Tiempo de lectura: 4 min.

    Los directores creativos están quejosos. Los reemplazan sin piedad, las grandes casas no les dan tiempo para consolidar sus propuestas.

    Están sufriendo, esto es evidente, uno de los fenómenos globales que en mayor medida marcan nuestra sociedad actual: la hiper-aceleración.

    Nadie tiene paciencia, la industria-moda quiere resultados inmediatos.

    Excelente texto, clave para alumbrar este post 😉

    Nos apuntamos todos presurosos al último curso sobre intelegencia artificial para tratar de automatizar tareas y volvernos así más productivos.

    Este estado de cosas nos sitúa frente a una gran paradoja: como el capitalismo exige crecimiento constante, todos tenemos que correr el doble simplemente para quedarnos en el mismo sitio.

    Crecer, crecer, crecer, más rápido; hemos de cambiar más aceleradamente para ser más veloces.

    La moda, como dijo G. Simmel, se caracteriza por ser cíclica, por fundamentarse radicalmente en el cambio.

    Por este motivo es nuestro sector el que mejor se adapta a la imperante aceleración social.

    La moda es puro Heráclito, fluye por esencia con determinación.

    Si con Zara llegó la moda “fast”, Shein nos lleva al “ultra fast-fashion”; ¿qué será lo siguente?, ¿viveremos la llegada del paradigma “ultra-mega-fast”?

    Toda esta desaforada deriva nos lleva como seres humanos a la alienación.

    Necesitamos tener una relación más lenta y más sana con nuestra ropa, con nuestro autoimagen, con nuestro “yo proyectado”.

    Si tratamos de seguir las ocho microtendencias mensuales pasaremos de un estilo al otro sin llegar a tener ninguno.

    El constante cambio por el cambio nos lleva a la nada.

    La industria nos acelera y se beneficia de ello.

    Pero no culpemos a la moda de manera demasiado severa, solo es la punta de lanza de un sistema súper-productivo, basado en la búsqueda del máximo beneficio.

    La indumentaria emociona, nos da vida, nos permite expresarnos.

    La industria de la moda nos aporta cultura, arte, deleite estético y es fundamental económica y socialmente.

    No obstante, desde este blog de “Ola moda” sí queremos proponer un nuevo equilibrio.

    La excelencia empresarial, el milagro logístico y todas las hazañas de este industria tan genial han de ser puestas al servicio de una moda más sensata.

    Comprar menos nos hará más libres.

    El planeta tierra debe dejar de sufrir las consecuencias de nuestro híper-consumismo.

    Todos nos beneficiaremos de una moda más pausada, que apueste por un crecimiento más moderado y sostenible y siga otorgando valor a un consumidor que podrá seguir disfrutando de aquello que hacemos posible: que sienta el placer de vestir.

    La moda es puro Heráclito: ¿nos lleva el cambio por el cambio a la nada?

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  • ¿Imagen o realidad?: nuevos equilibrios en moda

    ¿Imagen o realidad?: nuevos equilibrios en moda

    Tiempo de lectura: 3 min.

    “No vendemos ropa, vendemos emociones, historias inspiradoras”.

    Así reza, invariable, el enésimo post de Linkedin sobre estrategias de «branding» en el sector de moda.

    Evidentemente, estoy de acuerdo.

    No obstante, en mi opinión, se ha ido demasiado lejos, hemos caído en un error fundamental: creer que la imagen y el “storytelling” lo es todo.

    Releyendo estos días el clásico ensayo de G.Debord “La sociedad del espectáculo”(un texto imprescindible de ¡1967!), comparto con él su diagnóstico fundamental: en una sociedad dominada por la imagen, el espectáculo ha opacado demasiado lo real, lo material.

    Poner el acento en la estética, en el diseños de las prendas y complementos, ha conducido al sector a olvidar la importancia de lo material, de lo tangible, de lo artesano, de lo cercano, de lo producido en contexto de proximidad.

    Tal vez esta tendencia sirva para explicar uno de los motivos radicales, estructurales, del sector del lujo.

    Muchas “maisons” se han obsesionado con vender marca, imagen, ilusiones bellas pero en demasiadas ocasiones irreales.

    Y el comprador, hastiado del ruido, se ha cansado de adquirir sueños rotos, espejismos.

    Desde este blog de “Ola moda” defendemos un equilibrio entre palabra e imagen y una vuelta a lo humano, a lo lento.

    Apostamos por un “ser” que acompañe al “parecer”.

    La moda necesita “empalabrarse”, como dijo el antropólogo L.Duch.

    Creo que muchas marcas ya han comprendido la necesidad de este giro.

    En una era marcada por la emergencia climática y dominada por una absurda sobreproducción de prendas, apoyadas por una explosión inabarcable de imágenes, muchas empresas tratan de volver a la palabra.

    Sin renunciar a la estética, a la imagen impactante, a la emoción del color y la forma, añadamos valor a nuestras propuestas indumentarias, dotemos a las prendas que ofrecemos de palabras y de una materialidad real que garantice su calidad.

    Hemos de apostar por un nuevo equilibrio-moda entre «ser» y «parecer»

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